OpenAI deja Sora y cambia su estrategia: menos video, más IA para programar
OpenAI redefine su rumbo y prioriza herramientas de productividad y agentes inteligentes y deja atrás su apuesta por el contenido generado en video.
OpenAI redefine su rumbo y prioriza herramientas de productividad y agentes inteligentes y deja atrás su apuesta por el contenido generado en video.
La herramienta de video generativo, que había sido presentada como una apuesta fuerte hacia el consumo masivo, pierde lugar frente a un objetivo más concreto: desarrollar productos útiles para trabajar, programar y automatizar tareas.
La propia empresa confirmó el cierre con un mensaje publicado en X, donde reconoció el impacto en su comunidad:
"Nos estamos despidiendo de la app de Sora. A todos los que crearon, compartieron y construyeron una comunidad: gracias. Lo que hicieron con Sora fue importante y sabemos que esta noticia es decepcionante."
Según un informe de The Wall Street Journal, OpenAI planea discontinuar no solo la aplicación para usuarios, sino también las herramientas de video para desarrolladores e incluso el soporte de estas funciones dentro de ChatGPT.
La decisión forma parte de una reorganización más amplia. La empresa busca redirigir recursos hacia áreas con mayor impacto comercial, en un contexto donde también evalúa una posible salida a bolsa.
Según el informe, Sam Altman anunció internamente a los empleados que dejarán de lado productos basados en modelos de video, y mencionó que el equipo de Sora podría enfocarse en áreas como robótica, aunque sin dar detalles concretos.
El movimiento deja ver un cambio claro: menos foco en formatos experimentales y más en soluciones con uso cotidiano.
Sora había sido lanzado el año pasado con ambición. La propuesta era construir una plataforma social donde los usuarios pudieran generar y compartir videos con inteligencia artificial, incluso insertándose en escenas icónicas de la cultura popular.
La lógica se acercaba a plataformas como TikTok, con un enfoque en contenido viral y participación de la comunidad. Sin embargo, con el tiempo empezaron a aparecer dudas internas sobre el volumen de recursos que requería el proyecto frente a la falta de señales claras de adopción.
De acuerdo con lo publicado por The Wall Street Journal, también surgieron conflictos por derechos de autor, ya que la herramienta se lanzó sin suficientes mecanismos para evitar el uso de contenido sin consentimiento. Eso obligó a incorporar controles después, en un contexto que fue debilitando la apuesta inicial.
Mientras el video pierde peso, OpenAI avanza hacia un modelo más integrado. La empresa ya trabaja en consolidar productos como ChatGPT, Codex y su aplicación de escritorio en una única plataforma, con la idea de centralizar funciones en un mismo entorno.
En ese esquema, los sistemas agenciales ganan protagonismo. Se trata de modelos capaces de ejecutar acciones de forma autónoma en la computadora del usuario, no solo responder consultas. Es decir, pasar de asistentes que sugieren a herramientas que directamente hacen.
Ese cambio también redefine qué valor buscan hoy las empresas: menos impacto visual y más utilidad concreta.
El giro de OpenAI no ocurre en aislamiento. Después de una etapa marcada por lanzamientos rápidos y demostraciones llamativas, la industria empieza a enfocarse en desarrollos con aplicaciones más claras y sostenibles.
En ese escenario, OpenAI compite no solo con grandes tecnológicas, sino también con actores especializados como Anthropic, que viene creciendo en el segmento empresarial y de desarrollo.
La salida de Sora, más que un caso aislado, muestra cómo están cambiando las prioridades: del contenido generado al trabajo asistido, de lo viral a lo funcional.
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