Pedro Sánchez enfría el Mundial 2030: España no tiene garantizada la final

Ante la presión opositora y la candidatura de Marruecos, el presidente de España evitó comprometerse y prometió “trabajar” para retener el partido decisivo.

Durante meses, España habló de la final del Mundial 2030 como una consecuencia casi natural de su peso dentro de la candidatura conjunta. Sin embargo, la primera entrevista de Pedro Sánchez tras el verano dejó una certeza bastante menos cómoda: el Gobierno desea quedarse con el partido decisivo, pero todavía no puede asegurar que vaya a conseguirlo.

El presidente fue consultado directamente este lunes por Aimar Bretos, durante su paso por Hoy por Hoy en la Cadena SER. Ante la posibilidad de garantizar que la definición se disputará en territorio español, evitó comprometerse y respondió que el Ejecutivo trabajará para lograrlo. “Tenemos todas las condiciones para que se celebre en España”, sostuvo, antes de insistir: “Vamos a trabajar para que sea aquí”.

La cautela aparece mientras Marruecos impulsa el futuro estadio Hassan II de Casablanca, proyectado para unas 115.000 personas, frente a las alternativas del Santiago Bernabéu y el nuevo Camp Nou. La sede continúa en manos de la FIFA y ya se convirtió en una disputa política interna. PP y Vox presionan a Sánchez para que defienda el encuentro más importante del torneo, mientras el partido de Santiago Abascal también reclama excluir al país africano de la organización después de la crisis de Ceuta.

PP y Vox ya habían colocado la final en el centro de la pelea

La respuesta del presidente llega después de varias semanas de presión opositora para que el Gobierno garantice que el encuentro decisivo no salga de España. La discusión tomó fuerza tras la entrada masiva de migrantes en Ceuta, cuando la relación con Marruecos volvió a convertirse en uno de los principales campos de confrontación política.

Vox llevó la postura más lejos y registró en el Congreso una proposición no de ley para reclamar que el Ejecutivo solicitara ante la FIFA la exclusión de Marruecos como coorganizador. El texto también exigía preservar el peso español dentro de la candidatura compartida y asegurar que la final se disputara en alguno de los estadios del país. La iniciativa no es vinculante, pero obligó a Moncloa a pronunciarse sobre una alianza que pretende conservar pese a la crisis fronteriza.

El Partido Popular evitó sumarse al pedido de expulsión, aunque coincidió en que España no puede perder el partido más importante del torneo. La eurodiputada Alma Ezcurra reclamó al Gobierno que defendiera tanto al Bernabéu como al nuevo estadio del FC Barcelona frente al proyecto marroquí, mientras Daniel Sirera, líder popular en el Ayuntamiento de Barcelona, pidió impulsar específicamente la candidatura del estadio del Barça.

Sánchez intentó responder a esa presión apelando a la ambición deportiva. “Hemos ganado un Mundial en Sudáfrica, hemos ganado un Mundial en Estados Unidos. Ya va siendo hora de que España gane un Mundial en casa”, afirmó durante la entrevista. La frase expresó su preferencia, pero no modificó el dato central: cuando Aimar Bretos le pidió una garantía concreta, el jefe del Ejecutivo solamente prometió trabajar para conseguirla.

La posición de Moncloa se entiende también por la importancia que concede a la relación bilateral. En la misma conversación, Sánchez aseguró que no existe información de los servicios de inteligencia que vincule a las autoridades marroquíes con la avalancha fronteriza y sostuvo que “la cooperación con Marruecos está siendo francamente positiva”. Según sus cifras, alrededor de nueve de cada diez personas que ingresaron durante la crisis ya regresaron, mientras unas 5.000 permanecen en la ciudad autónoma.

El presidente fue incluso más directo al defender esa coordinación: “Si no hay cooperación con Marruecos, esta crisis no se soluciona, se agravaría”. Esa dependencia explica por qué el Gobierno rechazó la propuesta de Vox y procura separar la emergencia migratoria de la organización del torneo. Romper el proyecto mundialista supondría abrir otro conflicto con Rabat justo cuando Madrid todavía necesita su colaboración para recuperar la normalidad en Ceuta.

Las declaraciones, sin embargo, ofrecen un nuevo argumento a la oposición. Sánchez mantiene la candidatura conjunta y defiende su vínculo con Marruecos, pero no puede asegurar que España vaya a conservar la principal recompensa del acuerdo. PP y Vox ya no necesitan discutir únicamente sobre la presencia de Rabat: ahora pueden cuestionar qué obtiene el país a cambio de sostenerla.

Del Mundial del Centenario a un torneo en seis países

La edición de 2030 nació con una idea muy diferente de la que finalmente aprobó la FIFA. El proyecto original pretendía devolver la Copa del Mundo a Uruguay, exactamente cien años después del primer torneo disputado en Montevideo. La iniciativa comenzó a tomar forma en 2005, cuando el entonces presidente Tabaré Vázquez planteó recuperar el acontecimiento junto con otro país de la región. Uruguay y Argentina oficializaron su intención en 2017, Paraguay se incorporó unos meses después y Chile completó la candidatura en 2019. Bajo el nombre de Mundial del Centenario, el objetivo era que Sudamérica recibiera toda la competición y que el estadio Centenario volviera a ocupar un lugar central.

El escenario cambió cuando la candidatura encabezada por España y Portugal sumó a Marruecos y presentó una infraestructura mucho más desarrollada. En lugar de enfrentar ambos proyectos en una votación, la FIFA alcanzó en octubre de 2023 una solución inédita: designó a los tres países como organizadores principales y reservó solamente un encuentro conmemorativo para Uruguay, otro para Argentina y uno para Paraguay. Chile quedó directamente excluido del reparto, pese a haber integrado la propuesta sudamericana durante cuatro años.

La decisión fue ratificada por las 211 federaciones durante el Congreso extraordinario de diciembre de 2024. El Mundial dejó entonces de ser una celebración concentrada en Sudamérica y pasó a convertirse en el primero que se disputará en seis países y tres continentes. En la práctica tendrá una escala inicial al otro lado del Atlántico y después trasladará todo su centro operativo hacia España, Portugal y Marruecos. Las seis selecciones anfitrionas tendrán asegurada su clasificación, aunque la participación sudamericana quedará reducida a los tres encuentros simbólicos.

Ese diseño generó cuestionamientos desde su anuncio. Los partidos del centenario se disputarán el 8 y 9 de junio, mientras la apertura principal está prevista para los días 13 y 14 en Europa o África. Los seis equipos que jueguen en Montevideo, Buenos Aires o Asunción deberán cruzar posteriormente el océano para continuar la fase de grupos, afrontando vuelos prolongados y cambios de huso horario, clima y lugar de concentración. La FIFA les concederá alrededor de once o doce días antes de su segunda presentación, pero esa solución también crea una diferencia competitiva: los demás integrantes de esos grupos comenzarán más tarde y tendrán apenas cinco o seis jornadas de recuperación antes de volver a jugar.

También surgieron críticas por el impacto ambiental y las dificultades para los aficionados, que podrían necesitar trasladarse entre continentes para seguir a una misma selección. La fórmula presentada como una celebración global multiplica vuelos, costes y fronteras dentro de una única competencia. El plan actual conserva los 48 participantes utilizados desde 2026, aunque la FIFA llegó a estudiar una ampliación excepcional a 64 equipos propuesta por el presidente de la federación uruguaya, Ignacio Alonso. España, Portugal y Marruecos rechazaron esa alternativa por las consecuencias deportivas, económicas y logísticas.

España pasó así de integrar una candidatura europea a convertirse en el país que más estadios aporta, pero también terminó compartiendo el protagonismo con un competidor que inicialmente no formaba parte del proyecto. La pelea por la final es una consecuencia directa de aquella transformación: el Mundial pensado para celebrar a Uruguay terminó organizado principalmente desde Europa y África, y ahora ni siquiera su principal sede puede asegurar dónde se disputará el partido más importante.

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