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Este alimento conduce al hígado graso y Harvard lo advierte

Harvard advierte que este alimento conduce a grandes aumentos en los depósitos de grasa del hígado. Evítelo antes de que sea peor.

La enfermedad del hígado graso no alcohólico afecta a más personas en el mundo. Se calcula que uno de cada cuatro adultos sufre de este problema hepático. Algunos lo consideran una "epidemia". A menudo, cuando esta enfermedad progresa puede desencadenar problemas mayores, como cirrosis, insuficiencia hepática y mayor riesgo de cáncer de hígado. Pero, ¿se puede prevenir? Sí, se puede evitar el hígado graso. Para ello, es clave seguir una dieta saludable y renunciar a este alimento que aumenta la grasa del hígado, según Harvard: los refrescos o gaseosas.

¿Qué es la enfermedad del hígado graso?

La enfermedad del hígado graso supone la irritación del hígado. En el caso de la enfermedad del hígado graso no alcohólico, esa acumulación de grasa en el hígado no es causada por el consumo excesivo de alcohol.

La doctora Kathleen Viveiros, hepatóloga clínica en el Brigham and Women's Hospital e instructora de medicina en la Escuela de Medicina de Harvard, detalla lo siguiente en el sitio especializado Harvard Health:

"La enfermedad del hígado graso no alcohólico tiene un disparador diferente para los depósitos de grasa en el hígado: un grupo de factores de riesgo metabólicos".

Este problema, dice, es más común en personas que tienen presión arterial alta, colesterol alto, resistencia a la insulina (prediabetes) o diabetes tipo 2.

A menudo, también se presenta entre las personas que tienen sobrepeso u obesidad, aunque es posible desarrollar hígado graso incluso si el índice de masa corporal es normal, advierte.

¿Qué alimentos hacen daño al hígado?

La dieta juega un papel clave en la prevención de la enfermedad del hígado graso. Y es que, como ya hemos visto, el sobrepeso y la obesidad son una causa común de hígado graso no alcohólico. También influye el consumo excesivo de ciertos alimentos.

Por eso, la experta de Harvard destaca que, para promover un hígado saludable, es importante "mantenerse alejado de los refrescos y azúcares agregados".

Y es que, algunas investigaciones han sugerido que las dietas ricas en fructosa, un azúcar que es parte del azúcar de mesa y que se añade a bebidas y alimentos, podrían aumentar la probabilidad de desarrollar enfermedad del hígado graso no alcohólico.

Viveiros lo explica:

Los refrescos con jarabe de maíz alto en fructosa u otras bebidas azucaradas conducen directamente a grandes aumentos en los depósitos de grasa del hígado, independientemente del total de calorías consumidas. Los refrescos con jarabe de maíz alto en fructosa u otras bebidas azucaradas conducen directamente a grandes aumentos en los depósitos de grasa del hígado, independientemente del total de calorías consumidas.

En ese sentido recomienda dos cosas. En primer lugar, leer atentamente las etiquetas para conocer los azúcares agregados, incluyendo el jarabe de maíz, la dextrosa, la miel y el agave. También, en vez de bebidas azucaradas, beber agua corriente.

Asimismo, hay otros alimentos a los que querrá renunciar para cuidar su hígado. La experta de Harvard dice que la comida rápida y el alcohol podrían aumentar el riesgo de hígado graso.

En su lugar, aconseja seguir una alimentación saludable enfocada en alimentos integrales. "Nuestros hígados nos lo agradecerán", dijo.

¿Qué te duele cuando tienes hígado graso?

Ahora bien, respecto a los síntomas de la enfermedad del hígado graso no alcohólico, generalmente no se presentan en las primeras etapas. De hecho, este problema hepático se considera una enfermedad silenciosa, con pocos o ningún síntoma.

Sin embargo, en caso de que el paciente tenga síntomas, "podría sentirse cansado o tener molestias en la parte superior derecha del abdomen", indica el Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales, que forma parte de los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos.

Ahora bien, cuando el hígado graso avanza y produce cirrosis, la persona puede:

  • Sentir cansancio o debilidad
  • Falta de apetito
  • Perder peso sin intentarlo
  • Tener náuseas y vómito
  • Sentir dolor leve o molestia en la parte superior derecha del abdomen

A medida que la función hepática empeora, pueden aparecer otros síntomas, como:

  • Moretones y hemorragias que ocurren fácilmente
  • Confusión, dificultades para pensar, pérdida de memoria y cambios de personalidad
  • Trastornos del sueño
  • Hinchazón en la parte inferior de las piernas, tobillos o pies
  • Hinchazón por acumulación de líquido en el abdomen
  • Picazón severa en la piel
  • Oscurecimiento del color de la orina
  • Tinte amarillento en la parte blanca de los ojos y en la piel, llamado ictericia

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