De hecho, Llaryora supo encontrar en Sergio Uñac un modelo sobre el cual proyectarse. Llegó a establecer vínculos muy cercanos con el mandatario sanjuanino en la previa de su candidatura.
Para Uñac, la derrota se cosechó mientras impulsaba personalmente a su hermano. Un patrocinio parecido al que Llaryora lleva adelante con su heredero Passerini.
Otro dato que suma preocupación fue el desdoblamiento. Si bien la doble concurrencia sanjuanina a las urnas fue empujada por el conflicto con la Corte Suprema, la realidad indica que hubo dos comicios separados.
El primero, legislativo y de intendentes, quedó en manos del oficialismo. Y el segundo, en el que se votó el tramo para gobernador, en manos de Juntos por el Cambio.
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En Córdoba, la decisión de desdoblar fue premeditada por el oficialismo para sellar la victoria provincial y no permitir la dupla Juez-De Loredo. La primera vuelta quedó en manos del Gobierno provincial, mientras que la contienda en Córdoba capital promete final abierto.
Por supuesto, en Córdoba las escalas son mayores y hay algo que alivia al llaryorismo. En Córdoba capital, a las elecciones provinciales se las quedó Llaryora.
No obstante, el oficialismo conoce de elecciones y sabe a la perfección que la transferencia directa de votos no existe. Por eso, la campaña es encabezada por el gobernador electo personalmente, quien además promociona su propia gestión como intendente.
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Rodrigo De Loredo quiere dar el batacazo.
Por último, pero no por ello menos preocupante para Llaryora y Passerini, se eleva el dato de que en San Juan perdió la “gestión”. A pesar de que el aparato oficialista puso todo lo hecho sobre la mesa, la presentación de un nombre que no ganó representatividad pesó aún más.
Esa lógica es coincidente con la tendencia personalista a la que ha virado la política en los últimos años. Y en Córdoba capital, aunque no parezca, Llaryora no es el candidato.
En ese orden, para el llaryorismo, una victoria en la capital provincial resulta fundamental. A pocos días del fin del conteo oficial, la provincia podría quedar en un virtual empate de poder, con una oposición controlando la Legislatura, el Tribunal de Cuentas provincial y, en caso de que JxC se imponga en las municipales, un gobierno opositor puertas adentro.
Así, y con todas las alarmas encendidas, el llaryorismo acelera incluso más a fondo que en la campaña provincial. Como espacio nuevo, defiende su primera gestión prácticamente en soledad, bajo un contexto político que no permite fiarse de ninguna proyección.
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