“Hay mesas de 350 lectores que tienen hasta mil votantes, también hay que sumar 462 mesas que no fueron transmitidas, lo que serían unos 100 mil votos, en muchos casos se dice que no había conectividad, pero en una misma escuela hay mesas que han sido transmitidas y otras no”, explicaron en Juntos por el Cambio. Además, se despegaron de la palabra “fraude”.
“No venimos a denunciar un fraude electoral, pretendemos que el acto eleccionario de Córdoba sea transparente, ese es el único objetivo de Juntos por el Cambio”, apuntaron. Y así se dio el puntapié inicial a una batalla extendida de 10 días más.
El juego pasará ahora por saber qué fuerza quedará con mayoría en la Legislatura y con el control del Tribunal de Cuentas provincial. Dos cuerpos clave a la hora de gobernar.
Con el escrutinio provisorio en duda, de las 70 bancas que se pusieron en juego (44 por distrito único y 26 departamentales) Juntos por el Cambio obtendría 34, mientras que Hacemos por Córdoba colocaría 32 legisladores. Sin embargo, las inconsistencias en el conteo podrían hacer cambiar esos números a partir de departamentos que quedaron muy reñidos, en algunos casos con diferencias de hasta 13 votos.
En caso de confirmarse la tendencia a favor de Juntos por el Cambio, Llaryora tendría que iniciar su ciclo con una Legislatura trabada, algo que no le sucedió a ninguno de sus antecesores peronistas. Pero eso no es todo.
El escrutinio provisorio también le dio a Juntos por el Cambio el control del Tribunal de Cuentas. El mismo está compuesto por tres integrantes, de los cuales dos serían opositores y uno oficialista.
Ese órgano de Gobierno es el que aprueba o rechaza las erogaciones estatales. Por lo que Llaryora también tendría un fuerte trabajo para poder controlarlo.
De esa manera, la autopsia continuará “hasta el último pelo”. Una vez que se determine el verdadero mapa de poder, se sabrá si Córdoba se volvió indomable o no.
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