En cuanto a los votos en blanco, Córdoba volcó en total 94.430 sobres que así se expresaron según el recuento provisorio. Eso representó el 4,91%, nada menos que la tercera “fuerza” más votada que podría haber torcido la suerte de Juntos por el Cambio, que quedó a poco más de 60 mil votos de los ganadores.
A ello se sumó un llamativo número de 50.075 votos nulos, representando el 2,53% y superando al menos a 9 fuerzas, entre las que se encontraban listas libertarias y el kirchnerismo. Cabe recordar que Córdoba recurrió a la Boleta Única, que generó bastante confusión entre los votantes a la hora de sufragar.
De esa manera, el 7,44% de los recurrentes a las urnas terminaron expresando algún tipo de disconformidad político, ya sea por no haber sido atraídos por la oferta, o por falta de información cívica que los advirtiera de cómo votar. Claro, en muchos casos hay otras prioridades diarias, como llegar a fin de mes.
Sin embargo, la participación del "partido blanco" no fue la mayor de la historia cordobesa, a diferencia de la no concurrencia. Eso habla, peor aún, de una desesperanza mayor ya que los disconformes ni siquiera consideran que los dirigentes sean el problema, sino el valor del voto.
En los bunkers de ambas fuerzas mayoritarias (Hacemos Unidos por Córdoba y Juntos por el Cambio) los datos de participación fueron tomados con iguales niveles de preocupación. Y mucho más aún por aquellos partidos que quedaron por debajo del “partido blanco”, propuestas que no llegaron a satisfacer el mínimo de las exigencias previas de los votantes.
En ese sentido, Córdoba expresó un fuerte enojo con la clase política. El desinterés es cada vez más evidente y puede poner en riesgo progresivo la legitimidad de los gobernantes.
Con una calidad claramente disminuida, el común denominador entre los comentarios cordobeses fue “no saber a quién votar”, en un contexto donde siquiera el voto castigo funcionó como combustible. Algo que benefició al oficialismo, pero que no lo dejó con la sensación de satisfacción que le hubiera dado un triunfo con más votos por contar.
Esa fuerte advertencia dio cuenta de que tampoco hay alguien capaz de capturar el desencanto cívico. A los fines prácticos, el sentimiento de enojo no moviliza a las urnas, sino que empuja a ahorrar el viaje al recinto.
Algo similar sucedió en otras jurisdicciones, que también registraron participaciones históricamente bajas. En San Juan, La Pampa, Tierra del Fuego, Salta, Misiones, La Rioja, Jujuy, Neuquén y Río Negro hubo descensos pronunciados respecto a 2019.
Así las cosas, Córdoba sacó a la cancha a una Argentina que desde 1983 a esta parte nunca había relucido: la Argentina que no vota. Un producto de exclusiva responsabilidad de la clase dirigencial.
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