La guerra preventiva contra Irán, que comenzó a finales de febrero, no ha logrado cumplir ninguno de los objetivos prometidos: ni la eliminación del régimen de Teherán, ni la destrucción de su capacidad nuclear, ni el fin del grupo Hezbollah en el Líbano.
Este fracaso estratégico tiene un costo político altísimo. Los ciudadanos, agotados por meses de sirenas, refugios y una crisis económica disparada por la inflación energética, sienten que las promesas de Netanyahu se han diluido. La tregua es vista por gran parte de la población no como un éxito diplomático, sino como una imposición externa que los deja en un limbo peligroso, esperando el próximo ataque.
Polémica en la ceremonia por el Día de la Independencia de Israel
En este contexto de fractura interna, Javier Milei se tornó protagonista de una de las ceremonias más sentidas del país: el encendido de las antorchas. Sin embargo, el evento está envuelto en un conflicto político y moral que divide a la sociedad. Tradicionalmente, este tributo estaba reservado a héroes nacionales israelíes, pero este año la selección de los participantes ha generado un rechazo profundo.
Vale recordar en este punto, que el presidente argentino no lloró por las víctimas de la guerra de Malvinas, ni homenajeó a sus héroes.
Ídolos con pies de barro
La inclusión de figuras vinculadas a la ultraderecha, algunos de ellos con discursos extremos sobre la situación en Gaza, ha encendido la indignación. Muchos ciudadanos consideran que el Gobierno ha politizado un evento popular y emotivo para fortalecer la base de Netanyahu de cara a las próximas elecciones. La polémica es tal que diversos artistas y personalidades han rechazado participar, argumentando que el espíritu de la ceremonia ha sido corrompido.
Mientras Milei es recibido con alfombra roja por su apoyo incondicional, una parte de la ciudadanía observa con extrañeza y frustración. Para quienes viven en la frontera norte o han sufrido el conflicto de cerca, la prioridad no es la condecoración de un líder extranjero, sino la seguridad y la reconstrucción de sus vidas. El Presidente llega, pues, a un país que no celebra, sino que intenta sobrevivir en medio de una grieta profunda.
Mientras tanto, en Argentina el pueblo se debate el el pan de cada día, en los insumos que la administración Milei retacea a los discapacitados, las leyes de cumplimiento oficial obligatorio cuya ejecución omite o evade y un espectáculo de internas digno de una tragicomedia.
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