Alberto Fernández en Vaca Muerta
Alberto Fernández confirmó su viaje a Córdoba.
En ese contexto, Alberto Fernández estará entrando a un terreno ajeno, quedando muy lejos de su apoyo habitual. Pero eso no es todo.
En Córdoba también convive el proyecto del PJ local, comandado por Juan Schiaretti. La gestión provincial se tornó abiertamente opositora en el último tiempo, algo que por lo bajo, le dolió mucho a Alberto Fernández.
El movimiento de Hacemos por Córdoba es, tal vez, el más fuerte en lo que respecta a las provincias del Interior, y tiene sus cañones completamente apuntados contra la Casa Rosada. Tal es así que su conductor plantea la apertura de un nuevo espacio, para “salir de la grieta” en 2023.
Con todo eso en consideración, el mandatario decidió ir igual, ya que sabe que su mayor batalla no es contra todas esas adversidades (por ahora), sino contra los propios. Para Alberto Fernández, la llegada a Córdoba tiene como propósito demostrar el “crecimiento” económico e implica un fuerte espaldarazo para Martín Guzmán, el ministro de Economía por el que el sector K pide la cabeza.
Un dato no menor es que el Presidente llegará a la provincia opositora acompañado de los dos ministros que más lo apoyan: el ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis; el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, y el secretario General de la Presidencia, Julio Vitobello. Todos hombres de su círculo más cercano, y todos del lado albertista del Gobierno nacional.
Sin hacer referencia directa al conflicto interno, se espera que Alberto Fernández dé un discurso en el que profundice su bandera del crecimiento económico, esa que compite contra la desesperada respuesta a la inflación que quiere llevar al frente el sector que más sigue a Cristina Kirchner. Tampoco tocaría el tema de la Justicia, otra cosa que molesta a la vicepresidenta.
De este modo, el jefe de Estado seguirá con su estrategia de “decir sin decir” o “hablar sin hablar”. Para su entorno, la concentración presidencial se enfoca en la gestión, a pesar de que la parte alquilada de su capital político se haya tornado en contra suyo.
Por todo eso, el viaje de Alberto Fernández a Córdoba no será uno más. Será un fuerte mensaje de solidez a sus enemigos internos, que intentan imponer la voluntad de la vicepresidenta en la conducción.
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