Pero esos motivos no son todo. Desde el kirchnerismo duro creen que una visita a Córdoba sería mostrar docilidad ante actitudes como la de Juan Schiaretti, por lo que rechazarían las visitas.
Bien sabido es que, durante la gestión de Cristina Kirchner, la ex presidenta llegó pocas veces a Córdoba fruto de la tensión con el Gobierno provincial de Juan Schiaretti. En ese entonces, la hoy vicepresidenta sostenía un enfrentamiento tal, que no podía pisar la provincia (tampoco hacía inversiones, y ni siquiera aseguraba la defensa común).
Y con el enfrentamiento interno del Gobierno nacional en pleno auge, la posibilidad de llegada a Córdoba no pasa desapercibida. Así, la eventual visita de Alberto Fernández a la provincia podría ser un nuevo mensaje silencioso del presidente, que elige un método distinto al de La Cámpora para discutir internamente.
El hecho de rodearse de un escenario opositor, en una planta industrial de una multinacional que brinda trabajo genuino, y con un embajador de un país alineado directamente con Estados Unidos tiene una fuerte carga simbólica para la avanzada que el cristianismo pretende dar en el Gobierno nacional. Y marca la diferencia de rumbo que pretende instalar el presidente, que aún no parece animarse al despegue de quién lo depositó en el poder.
Quedará por verse si el desafiante viaje se lleva a cabo, o si simplemente queda en un mero deseo. Cualquiera de los dos resultados deja un mensaje claro: Alberto Fernández está cada vez más lejos o más cerca del lado K, respectivamente.
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