Pero a finales de 2022 el tema del gasoducto volvió a ser noticia y de una manera poco elegante, por decir lo menos. Se ha convertido en algo usual que detrás de cada acción del gobierno de Maduro exista un entramado de intereses y relaciones que le imprimen a esa acción o proyecto un tinte confuso o turbio. Ante la disposición del presidente Petro de restablecer las relaciones diplomáticas con Venezuela y retomar algunos proyectos “dormidos”, aparecen las empresas en el momento justo y casi como si fueran clarividentes están siempre un paso adelante.
En un reportaje realizado por Roberto Deniz y publicado en el portal de investigación periodística ArmandoInfo, se da cuenta de la precisión de relojería con la que actuaron algunos empresarios conformando empresas, haciendo cambios de accionistas, recibiendo concesiones de exportación y todo esto sincronizado perfectamente con la asunción de Petro en la presidencia de Colombia.
De lo que se trata es de la vinculación existente entre empresas con escasa trayectoria en el sector y empresarios que adquieren empresas del sector con un “sentido de oportunidad vidente” como para obtener un contrato a 30 años para exportar gas a Colombia, mucho antes de la firma del acuerdo binacional. No es difícil imaginar los arreglos previos detrás de estos acuerdos firmados entre ambos presidentes, los intereses comunes de actores políticos y empresariales que son los intermediarios y ejecutores de los negocios.
Deniz afirma en el reportaje que: “El 5 de agosto de 2022, apenas un mes después de constituida y dos días antes de la proclamación de Gustavo Petro, Investment Holding Corp adquirió la totalidad de acciones de Prodata Energy, antigua Production Data Acquisition Wire Line. Ese traspaso de acciones fue el último paso de una transición que comenzó meses antes y se aceleró cuando ya el triunfo de Petro parecía inevitable” garantizando que el negocio en ambos países quede en el mismo grupo económico.
La vinculación de los empresarios, apoderados y directivos de la empresa concesionaria con el ministro del petróleo venezolano Tareck El Aisami son evidentes y no dan lugar a dudas.
El gobierno colombiano por su parte ha confirmado la compra de gas a Venezuela como un hecho, su ministro de Hacienda Juan Antonio Ocampo afirmó que “Colombia tuvo unos grades descubrimientos de gas, entonces, las necesidades que vamos a tener de importar gas van a ser menores. Sin embargo, en el inmediato futuro sí hay posibilidades interesantes de que Venezuela exporte gas a Colombia”, esto a pesar que la estructura desarrollada en el período Chávez-Uribe se encuentra inactiva desde 2015, la reinversión en estas instalaciones se estima sea millonaria.
¿Será que es un negocio viable o más bien es un negocio necesario? ¿Serán deudas existentes o tan solo son “buenas intenciones” de restablecer una relación con mutuos beneficios? Solo los acontecimientos de los meses por venir despejarán estas dudas porque el proceso para llegar a este acuerdo de gas es mucho mas turbio que transparente.
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