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Los sojeros de Estados Unidos no pegan una: se cerró el comercio con China y se atrasa la ayuda estatal

Los sojeros de Estados Unidos están pasando un muy mal momento, no le venden a China y aún no se aprueba la asistencia estatal a los productores.

Mientras los agricultores estadounidenses de soja enfrentan el cierre del mercado chino, la aprobación del auxilio agrícola prometido por el gobierno de Trump se paralizó por el reciente shutdown del gobierno. Este doble rumbo de presiones externas e internas plantea un panorama cada vez más incierto para el corazón agrícola de Estados Unidos.

Luego de las quejas de los sojeros estadounidenses por ver cómo China prefería comprar a Brasil y Argentina, que se vio favorecida por el plan de Retenciones 0% de fines de septiuembre, y por el anuncio de Scott Bessent de un posible rescate de US$ 20.000 millones a Agentina, el presidente Donald Trump tuvo que salir a aclarar que negociaría con Xi Jinping para que vuelva a comprar soja norteamericana en su próximo encuentro en Corea del Sur.

Además, Scott Bessent aclaró el mismo día que los sojeros se quejaron, que la ayuda a Argentina no involucraría un financiamiento directo, sino un swap con el país.

China: un mercado imprescindible para el agro de Estados Unidos

La soja constituye uno de los principales productos agrícolas exportados por Estados Unidos, y China sigue siendo su destino más importante. En los primeros ocho meses del 2025, los chinos compraron 200 millones de bushels de soja estadounidense, en comparación con los 1.000 millones del mismo período del año pasado, cuando representaron la mitad de las exportaciones de soja de Estados Unidos.

Sin embargo, esa relación estratégica está siendo puesta a prueba. Según informes recientes, los compradores chinos están reduciendo sus compras ante la preocupación por las condiciones climáticas, las políticas arancelarias y la volatilidad del tipo de cambio.

Además, ciertos analistas advierten que China está diversificando sus fuentes de suministro agrícola, reduciendo gradualmente su dependencia del mercado norteamericano. Esa reorientación, combinada con una competencia creciente de proveedores sudamericanos, presiona a los productores estadounidenses, obligándolos a buscar nuevos mercados o a depender más del apoyo gubernamental interno.

La asistencia agrícola frenado por el cierre de gobierno

En paralelo a esa presión externa, los productores agrícolas ven cómo el auxilio prometido por la administración Trump se retrasa por la paralización parcial del gobierno federal, el shutdown. Muchos granjeros esperaban desembolsos inmediatos para sostener sus operaciones frente al costo del combustible, insumos y fertilizantes. Sin embargo, la falta de aprobación presupuestaria dejó esos pagos en suspenso, generando angustia entre los productores especialmente vulnerables.

Los legisladores rurales, pertenecientes tanto al Partido Republicano como al demócrata, han reclamado que esta demora pone en riesgo la estabilidad del sector agrario en estados clave como Iowa, Illinois y Minnesota. Para ellos, el auxilio no es un regalo, sino un respaldo necesario frente a mercados externos inciertos y a condiciones climáticas extremas.

Enfrentando la tormenta desde el campo

La combinación de disminución de ingresos por ventas al exterior y falta de liquidez local complica la continuidad de muchas explotaciones. Algunos agricultores han empezado a replantear su estrategia de producción, reduciendo áreas cultivadas o buscando cultivos alternativos más resistentes al riesgo comercial. Otros manifiestan inquietud sobre la sostenibilidad financiera durante meses críticos hasta que se reanude el auxilio federal.

Algunas fuentes comentaron a Politico que se espera un plan de ayudas por entre US$12.000 millones y US$ 13.000 millones, aunque no se conocieron máss detalles. El presidente Donald Trump aseguró que tomaría medidas al respecto esta semana.

Se intensifican las voces que piden una política agrícola más audaz: diversificación de mercados, medidas de protección frente a las oscilaciones del comercio exterior, y mecanismos internos de respaldo que no dependan de crisis políticas o presupuestarias.

Este escenario no solo tiene impacto en el medio rural. Los estados agrícolas conforman bloques electorales de peso, y el manejo de estos temas —exportaciones, apoyos federales, políticas arancelarias— se vuelve un campo de batalla político. La administración debe equilibrar su retórica proteccionista comercial con medidas concretas que sostengan a su base rural.

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