No obstante, las autoridades de Aguas Santafesinas sostuvieron que esa imagen corresponde al ingreso de agua de lluvia desde la red pluvial, cuyo caudal arrastra sedimentos que están en los conductos y por ello hay un cambio de la coloración del agua, no porque sean desechos cloacales. A su vez, dicha entidad gubernamental aclaró que las tomas del agua potabilizadora están aguas arriba de los emisarios, por ende no interfiere en la calidad del agua final.
En el 2021, se encendió la alarma cuando aparecieron aguas verdes con presencia certificada de cianobacterias, a la altura de la zona de la caleta del club Remeros Alberdi y en el banquito San Andrés, en Rosario. “Estas bacterias son un indicador de la contaminación del río, que a esta altura se evidencian más por el bajo nivel del caudal. Porque la posibilidad de reproducción de estas bacterias está sujeta a efluentes cloacales, desechos industriales y fertilizantes”, afirmó Sergio Federovitsk, el viceministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación.
Unos 345 millones de litros diarios de líquidos cloacales terminan en el Paraná, desechos directos de los inodoros, bachas y rejillas de cada uno de los hogares rosarinos, que también beben y se higienizan con agua mezclada con sus propios desperdicios fecales, debido a que carecen de una planta de depuración de residuos cloacales, como sucede en algunas ciudades de la Argentina, así lo indicó el diario La Capital.
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