Reforma laboral en veremos
Entre los aspectos que miran con buenos ojos, destacan la incorporación de nuevas modalidades laborales vinculadas a plataformas digitales, un eje que el PRO ya había impulsado en proyectos propios. Para el macrismo, regular este universo es clave para formalizar relaciones laborales que hoy funcionan en un vacío normativo, otorgando derechos y reglas claras a ambas partes.
También insisten en que cualquier modificación debe apuntar a un objetivo central: reducir la informalidad, generar condiciones para la contratación genuina y descomprimir el sistema de litigios laborales, al que consideran uno de los factores que desalientan la inversión y el empleo.
Aun así, el acompañamiento no está asegurado. “La modernización laboral es necesaria, pero no a cualquier precio”, repiten en el bloque amarillo, donde subrayan que el diálogo político será determinante para evitar un nuevo choque con el oficialismo.
Una relación dañada que aún busca recomponerse
El trasfondo del distanciamiento es político y viene de arrastre. La tensión escaló a fines de 2025 tras una sesión en Diputados que el PRO consideró un quiebre definitivo: denunciaron un acuerdo entre La Libertad Avanza y el kirchnerismo para repartirse cargos en la Auditoría General de la Nación. A partir de ese episodio, el vínculo ingresó en una etapa de desconfianza abierta.
“Ahí se rompió algo”, reconocen dirigentes del PRO, aunque aclaran que nadie está dispuesto a romper del todo. La estrategia, por ahora, es sostener una identidad propia sin dinamitar los puentes.
En la provincia de Buenos Aires, la lógica es distinta. Allí, el PRO y LLA comparten la convicción de que una competencia separada debilitaría sus chances electorales. Con Diego Santilli como figura central del armado bonaerense, el macrismo apuesta a una alianza que proyecte también el escenario de 2027, donde aspiran a disputar la gobernación.
A nivel nacional, en cambio, el panorama es más incierto. Conviven distintas miradas dentro del PRO: desde quienes promueven recomponer el vínculo con los libertarios hasta quienes prefieren profundizar la autonomía política. “Estamos en una zona gris”, admiten referentes del partido.
Por ahora, la reforma laboral será el primer gran test del año legislativo. Allí se medirá no solo la capacidad del Gobierno para articular mayorías, sino también hasta dónde está dispuesto el PRO a acompañar a un oficialismo con el que ya no se siente plenamente aliado.
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