El Senado, una trampa ideológica
En la Casa Rosada resumen la situación con una crudeza que asusta: "No están los votos". Y si no están los votos, es porque la voluntad política ha desaparecido. Detrás de esta falta de consenso, se esconden cuestionamientos que provienen de senadores cercanos al oficialismo, radicales, dirigentes del PRO y bloques provinciales que, lejos de ser un bloque monolítico, han decidido filtrar la lista bajo un criterio de "limpieza ideológica".
Para estos legisladores, el problema no es el rango o el mérito profesional de los diplomáticos, sino su currículum político. En sectores del radicalismo, particularmente, la resistencia es férrea. Sostienen que varios de los promovidos tuvieron cercanía con el kirchnerismo y que esa trayectoria —a veces disfrazada de tecnocracia— es inaceptable para los estándares actuales del Gobierno. "No vamos a premiar con ascensos a quienes fueron parte del aparato que combatimos", repiten en los despachos parlamentarios.
Para el oficialismo, la estrategia es otra. Cerca de Quirno intentan evitar el choque frontal y sugieren un reordenamiento de los tiempos. La salida que analizan es avanzar con una tanda de pliegos "limpios" y dejar para una instancia posterior aquellos que generan cortocircuito, buscando ganar aire y evitar una derrota en el recinto.
Gremio: denuncia de "operaciones"
La respuesta gremial no se hizo esperar. APSEN, el gremio de los diplomáticos, emitió un comunicado que fue interpretado como un misil tierra-aire dentro de la Cancillería. Al calificar las demoras como "procedimientos improcedentes y antiéticos", el sindicato no solo defendió a sus afiliados, sino que puso en evidencia que dentro de la casa existen actores operando en la sombra.
Sin dar nombres propios, la referencia fue directa. En los pasillos de Cancillería, las acusaciones vuelan bajo: se señala a un grupo de diplomáticos que, molestos por la composición de la lista, habrían "bajado línea" en el Senado para bloquear determinados nombres.
En el centro de las sospechas aparecen el embajador en Colombia, Mario Verón Guerra, y el agregado cultural en Lima, Ariel Campero. Ambos rechazan de plano tener la capacidad de fuego para bloquear una votación del Senado, pero el daño reputacional ya está hecho. La interna se ha vuelto personal.
La salida: ¿Se puede salvar la gestión?
El problema es que la discusión se ha corrido del terreno profesional. Ya no se debate si un diplomático es idóneo para el rango de Ministro, sino si su "lealtad" está alineada con el proyecto actual. La lista incluye nombres de peso en la estructura de Quirno, como el secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Fernando Brun; el subsecretario de Política Exterior, Juan Manuel Navarro, y el embajador ante la ONU, Francisco Tropepi.
La parálisis no solo afecta a los individuos, sino al funcionamiento del servicio exterior. Mientras el Senado trabaja en una fórmula para descomprimir —aprobando parcialmente y pateando el tablero para más adelante—, en Cancillería la sensación es de desgobierno.
La pelea es por la influencia, la carrera y el poder. Y en el Palacio San Martín, donde las heridas suelen ser profundas, el saldo final de esta pulseada dejará cicatrices que los trámites administrativos no podrán cerrar.
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