El avión, diseñado bajo estándares mundiales de calidad, cuenta con la capacidad de alojar hasta 169 pasajeros. Su autonomía varía entre los 4075 a 5555 kilómetros de alcance, según la carga y las condiciones de vuelo.
En el futuro mediano, China apuntaría a conseguir la independencia total, al buscar desprenderse de los componentes occidentales que aún predominan como los motores. Para ello, el país asiático ya se encuentra desarrollando una línea de propulsores a reacción enteramente chinos, que podrían estar listos para los años venideros.
Rusia también va, aunque tarde
Otro país que busca desprenderse del dominio occidental del aire es Rusia. Con fuertes sanciones impuestas por los fabricantes, la industria aerocomercial rusa podría comenzar a sufrir efectos muy peligrosos para la seguridad aérea en los próximos meses.
Con vista a ello, Rusia también comenzó a empujar la producción propia, tal y como ocurrió en la época de la Unión Soviética. En este caso, la bandera de esa política sería el Tu-214, un desarrollo ruso de los años 90 que actualmente es fabricado por la compañía Rostec.
A diferencia de China, Rusia cuenta con un amplio historial de conocimiento aeronáutico comercial, fruto de la Guerra Fría. Si bien los diseños son antiguos para la aviación moderna, los mismos posiblemente sean retomados ante el bloqueo de Occidente.
Con una ambición más baja que la china, Rusia pretende construir al menos 10 aviones por año a partir de 2025. Así, podría nutrir el mercado interno sin sufrir las consecuencias de las sanciones económicas.
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