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Lamine Yamal y Julián Álvarez, dos de los nombres que conectan el fútbol europeo con Latinoamérica y refuerzan el deseo de viajar a España para verlos en vivo.
FOTO: @FCBarcelona
Detrás de estos números hay una explicación clara. El factor emocional juega un papel central en el turismo deportivo: más de la mitad de los aficionados asegura que la presencia de jugadores latinoamericanos influye directamente en su decisión de viajar, reforzando el vínculo entre la región y el fútbol europeo.
Mucho más que un partido: el viaje completo
Sin embargo, el interés por ver fútbol en España no se limita a los 90 minutos. Para el aficionado latinoamericano, el viaje se construye como una experiencia integral, un valor añadido a la hora de tomar la decisión, que combina deporte, cultura y turismo en un mismo recorrido.
Los datos del informe lo confirman. Un 61% de los encuestados asegura que quiere conocer la ciudad donde se disputa el partido, mientras que el 50% planea aprovechar el viaje para recorrer otros destinos dentro del país. Además, un 35% considera imprescindible realizar el tour del estadio y visitar los museos de los clubes, en una especie de “peregrinación futbolera” que va más allá del espectáculo.
Este comportamiento refleja un cambio de lógica. El fútbol funciona como disparador, pero el viaje se expande hacia una experiencia más amplia, donde el turista busca vivir el destino en su totalidad, desde su cultura hasta su gastronomía.
El Mundial 2026, del deseo a la decisión
El calendario empieza a alinear las condiciones para que ese deseo deje de ser una idea postergada. Con los grandes eventos previstos en Norteamérica en 2026, muchos aficionados ven una oportunidad concreta para dar el paso y vivir el fútbol fuera de su país, en un contexto más accesible desde lo logístico y económico.
Sin embargo, el horizonte aspiracional se mantiene firme. España y LaLiga siguen ocupando el lugar central en el imaginario del hincha latinoamericano, no solo por el nivel deportivo, sino por la experiencia que rodea al espectáculo. El desafío, en ese sentido, ya no pasa por el deseo, sino por la planificación.
El fenómeno refleja algo más profundo. El turismo deportivo dejó de ser una tendencia emergente para convertirse en una nueva forma de viajar, donde el fútbol funciona como punto de partida, pero no como único destino. En ese cruce entre pasión y experiencia, el viaje ya no es un lujo excepcional, sino una meta cada vez más concreta.
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