La circulación del virus en Europa sugiere que Latinoamérica posee una oportunidad de ajuste operativo.
“La región debería utilizar esa información como ventana de anticipación operativa y de abastecimiento”, plantea Tomás Piqueras, CEO de CSH. El impacto local puede darse mediante la introducción del virus por viajes o como señal para adecuar las capacidades de las guardias y unidades de terapia intensiva.
Históricamente, las temporadas con predominio de H3N2 afectan a los adultos mayores, lo que modifica los requerimientos técnicos de los hospitales.
Según fuentes de la empresa, “la demanda se desplaza desde el equipamiento de rutina hacia el monitoreo multiparamétrico escalable, sistemas de oxígeno y humidificación, ventilación no invasiva e invasiva, consumibles respiratorios, bombas de infusión y logística de camas de cuidados críticos”.
Y aclaran: “Esto no implica que el virus sea 'más severo' por sí mismo, sino que el perfil de riesgo poblacional eleva la necesidad de soporte y vigilancia clínica”.
Infraestructura y diagnóstico
En cuanto a la capacidad de respuesta instalada en Argentina, identifican que las carencias suelen aparecer en los insumos operativos más que en los equipos principales.
La brecha se detecta en cantidad de monitores y módulos, conectividad/central de monitoreo, disponibilidad de ventilación no invasiva, y, sobre todo, consumibles y mantenimiento para sostener turnos prolongados.
Para el diagnóstico diferencial entre este subclado y el COVID-19, la estrategia recomendada es la migración tecnológica.
Los expertos de CSH indican que se busca pasar de pruebas de un solo objetivo a un diagnóstico sindrómico y/o multiplex: tests rápidos combinados (influenza A/B + SARS-CoV-2, y en algunos casos RSV) y, en laboratorio, RT-PCR multiplex o paneles respiratorios.
Gestión de suministros y rol del Estado
Para evitar la escasez de insumos hacia mediados de año, proponen mecanismos de contratación específicos: acuerdos marco plurianuales con proveedores; mecanismos de compra ágil y estandarización técnica; y reservas estratégicas que incluyan capacidad logística y repuestos.
Desde el sector privado, las empresas trabajan con pronósticos por escenarios y contratos de doble abastecimiento para asegurar stock de filtros y circuitos de ventilación.
Piqueras plantea: “Para que una institución sea resiliente, lo no negociable es un protocolo integral de 'capacidad respiratoria escalable': triage estandarizado, monitoreo temprano, disponibilidad de oxigenoterapia y ventilación, y una cadena de consumibles asegurada”.
En este sentido, y retomando lo planteado al principio, el directivo sostiene que la respuesta del sistema ante el brote depende menos de ‘tener equipos’ y más de capacidad instalada gestionada, lo que implica vigilancia integrada, planes de escalamiento, interoperabilidad de datos y abastecimiento asegurado con acuerdos previos entre todos los sectores del sector.
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