¿Cómo funcionaba el “negocio” Labubu?
Para entender el golpe hay que mirar más allá de la bolsa. El fenómeno Labubu se sostuvo sobre una economía paralela que convirtió al personaje en algo más que un objeto decorativo. Para muchos compradores, adquirir un Labubu no era solo consumir cultura pop: era entrar a un circuito de reventa similar al de las zapatillas limitadas de Nike o Jordan Brand, las cartas coleccionables de Pokémon o incluso ciertos objetos vinculados a El Señor de los Anillos. Diseño, escasez y deseo funcionando en simultáneo.
El primer nivel era el de la caja sellada. Series lanzadas en cantidades limitadas podían duplicar o triplicar su precio apenas se agotaban en las tiendas. El valor estaba en la incertidumbre: no saber qué figura tocaba hacía que el paquete intacto cotizara mejor, sobre todo cuando una colección se volvía difícil de conseguir.
El segundo nivel aparecía una vez abierta la caja. Ahí, el precio dejaba de depender del misterio y pasaba a jugarse en la rareza concreta del muñeco: color, expresión, serie o edición especial. En el pico del boom, algunas piezas llegaron a superar los US$400. Hoy, en cambio, muchas versiones populares rondan los US$100–110 e incluso se ofrecen por debajo del precio de lista.
Ese enfriamiento del mercado secundario fue una señal clave. En el mundo de los coleccionables, cuando la reventa deja de marcar euforia, el ciclo entra en otra fase. No implica una desaparición inmediata, pero sí el final del crecimiento automático que había sostenido la fiebre.
¿Franquicia duradera o fiebre pasajera?
Aun con ese contexto, Pop Mart no se repliega. La empresa sigue expandiendo tiendas, apuesta por un parque temático propio y desarrolla contenidos audiovisuales con la intención de llevar a Labubu a un terreno más amplio, cercano al modelo de marcas como Disney o Sanrio. Además, cuenta con un catálogo amplio de personajes, en una lógica que recuerda al ecosistema de figuras coleccionables tipo Funko.
Sin embargo, el interrogante persiste. Como señalan analistas citados por Bloomberg, el desafío no es el presente, sino el día después: si Labubu pierde tracción, ¿el resto del universo Pop Mart alcanza para sostener el crecimiento y la valuación?
La comparación que empieza a circular no es casual. Labubu comparte rasgos con otros fenómenos recientes (desde NFTs hasta activos digitales de moda) que combinaron diseño, exclusividad y expectativa de ganancia. Todos tuvieron un punto en común: crecieron rápido, generaron culto y luego enfrentaron el límite entre deseo real y saturación.
Labubu todavía no desapareció. Pero dejó de subir sin freno. Y en los mercados donde cultura pop y dinero se cruzan, ese cambio suele marcar el comienzo de una nueva etapa.
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