De hecho, las sobrevivientes Lesly y Soleiny que ahora están recuperándose con sus hermanos en un hospital de Bogotá (dado el leve cuadro de desnutrición), plasmaron su amor a Wilson en un tierno dibujo del can entre los árboles y cerca de un río.
En relación a ello, Astrid Cáceres, directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), informó el sábado (10/06/23) que Lesly "contó (...) del perrito que se perdió, que no sabe dónde está, y que estuvo con ellos un tiempo".
El tema es que Wilson no llevaba GPS como es usual en los cánidos entrenados para detección de explosivos, droga y rescate, ya que en esta área residen grupos guerrilleros que podían geolocalizarlos. Paola Romero, profesora y dueña del perro, lamentó que el Ejército "no haya tomado las precauciones necesarias".
Vivos y sanos
Los hermanos sobrevivientes tenían experiencia en terrenos pantanosos, con fauna peligrosa y malezas, porque vivían en con su padres y sus pares de la etnia uitoto en un pueblo del centro del Amazonas llamado Araracuara, locación donde hace décadas hubo una cárcel para los criminales más peligrosos de Colombia. Entonces estos niños ya habían aprendido a lidiar con felinos gigantes, culebras y plantas venenosas.
Así, la primogénita Lesly, de 13 años, lideró el periplo selvático, guiándose por los rayos del sol, las ramas rotas para buscar caminos transitables y con conocimiento de qué hongos eran comestibles, así lo acreditó un tío de la menor a una agencia de noticias.
Estos niños sobrevivientes hicieron 'fariña' para alimentarse, que es una harina que se procesa en base a la yuca amarga, comieron pepas de la palma de "seje"(semilla de las palmeras) y consumieron "avichure" parecido al maracuyá, siendo prácticas alimenticias que aprendieron de su abuela Fátima, misma que gritó en la intensa búsqueda algunas palabras en lengua uitoto (que resonaban en la selva a través de los altoparlantes de aviones de la Fuerzas Armadas).
La madre de Lesly, Magdalena Mucutuy, llevó a ella y sus hermanos a un viaje en la Cessna 206, matrícula HK 2803, piloteada por un ex taxista, para encontrarse en San José del Guaviare con su padre Manuel Ranoque, representante indígena de Araracuara en el exilio tras ser amenazado por la guerrilla, y empezar una nueva vida en Bogotá.
Pero una falla del motor, según última comunicación con la torre de control, ocasionó que la avioneta pierda altura y el piloto presuntamente intentó amerizar en el rio, no le dio tiempo y se estrelló en la arboleda. Los dos sujetos murieron en el acto, mientras que la madre de los niños pereció durante tres días por las heridas de gravedad, según los rescatistas.
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