Claro, el país islámico no tiene prohibición alguna de realizar esos movimientos, aunque sí quienes lo habrían provisto. De hecho, los países trianguladores podrían tener fuertes sanciones de comprobarse la ruta de los aviones.
La mecánica a la que acude Irán es comprar los aparatos a un país A, mediante un país B que no adhiere a las sanciones impuestas. Ese país B es el que hace la venta final de la aeronave a Irán, permitiendo la continuidad de la actividad aerocomercial en el país persa.
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Irán creó una nueva aerolínea conectada con el caso Emtrasur.
En efecto, eso es algo que tuvo conexiones en América y, de hecho, tocó de cerca a Argentina. El Boeing 747-400 de la venezolana Emtrasur que fue objeto de polémica en Argentina habría sido obtenido originalmente por Irán por esa vía.
Ese caso reveló que Irán no solo se encarga de reunir flota propia, sino también de conseguir aeronaves para sus aliados en el mundo, que generalmente también son susceptibles de sanciones para la compra directa a empresas como Boeing, Airbus o la misma Embraer. A su vez, eso revela la existencia de un mercado paralelo aeroespacial, especialmente ocupado por aeronaves antiguas o de producción terminada que transporta a millones de pasajeros por año.
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