Al éxito inminente del C919, que tiene pedidos por al menos 500 unidades para los próximos años (aún sin contar con certificación occidental), China quiere reforzar con el CR929, ampliando la oferta de cara a los años consiguientes. Si bien el avión de fuselaje ancho debía volar por primera vez en 2021, su primer despegue oficial se postergó para 2025.
Para China, los desarrollos internos apuntan a satisfacer, en primera medida, el mercado local. Eso es posible gracias al gran mercado interno proporcionado por una población de casi 1.500 millones de personas.
En cuanto a las exportaciones de los aviones propios, es una materia que no desvela al gigante asiático. La idea de competir con Boeing y Airbus pasa por el plano local a sabiendas que sus aviones posiblemente no sean certificados para surcar cielos occidentales.
Aún así, en caso de lograr el mercado local, le sacaría de hecho a las empresas occidentales una gran porción del “share” que se disputan en el mundo entero. Y también tendría un gran impacto político.
En caso de dominar la industria aerocomercial local por completo, China no será permeable a las sanciones económicas que puedan surgir de futuras avanzadas bélicas, como la que practica Rusia.
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