Y continuó explicando otro problema relacionado con beber mucho refresco: "El consumo excesivo de azúcar refinada y jarabe de maíz con alto contenido de fructosa, como el consumo diario de refrescos, puede sobrecargar el hígado y provocar la acumulación de grasa adicional, lo que puede provocar la enfermedad del hígado graso no alcohólico".
Por eso, los expertos indican que se puede reducir el riesgo de sufrir hígado graso no alcohólico, evitando cantidades excesivas de refrescos.
El refresco también está entre los alimentos que la Universidad de Harvard dice que conducen al hígado graso, así como la comida rápida.
¿Qué tan grave es el hígado graso?
Ahora bien, el hígado graso puede evolucionar a enfermedades graves como hepatitis crónica y cirrosis. También aumenta el riesgo de cáncer de hígado.
La hepatitis crónica es una enfermedad que se caracteriza por procesos inflamatorios y de necrosis celular del tejido hepático durante un período de tiempo superior a los seis meses, precisa la editorial Elsevier.
Mientras, la cirrosis supone la cicatrización y el funcionamiento deficiente del hígado, indica MedlinePlus, el servicio de información de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos.
Por su parte, el cáncer de hígado es una enfermedad en la que se forman células malignas (cancerosas) en los tejidos del hígado. Este tipo de cáncer es el sexto cáncer más común y la tercera causa principal de muerte por cáncer en todo el mundo, según el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos.
Hígado graso no alcohólico: Síntomas
Asimismo, reconocer los síntomas del hígado graso no alcohólico puede ser complicado, y es que esta enfermedad puede no presentar ningún síntoma perceptible.
Sin embargo, según FundaHígado América, a medida que la enfermedad progresa, pueden manifestarse algunos signos comunes, como:
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Fatiga: sensación de cansancio excesivo o debilidad sin motivo aparente.
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Molestias abdominales: dolor leve o molestias en la parte superior derecha del abdomen.
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Pérdida o aumento de peso inexplicable: cambios repentinos de peso sin cambios en la dieta o el ejercicio.
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Ictericia: color amarillento de la piel y los ojos debido a una alteración de la función hepática.
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Hígado agrandado: el médico puede descubrir un agrandamiento del hígado durante un examen físico rutinario.
Es importante que se consulte al médico ante la presencia de estos síntomas.
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