El Jefe del Estado debe hacer gobernar más bien que gobernar él mismo: para esto son los ministros. Ellos son sus brazos, y no solo los brazos, sino la inteligencia del gobierno. En ellos, más que en el presidente, debe estar la inteligencia del poder; en ellos, que tiene a su cargo inmediato la discusión del pensamiento del gobierno en los consejos de estado, en las cámaras, en la prensa, en la diplomacia, etcétera. El Jefe del Estado debe hacer gobernar más bien que gobernar él mismo: para esto son los ministros. Ellos son sus brazos, y no solo los brazos, sino la inteligencia del gobierno. En ellos, más que en el presidente, debe estar la inteligencia del poder; en ellos, que tiene a su cargo inmediato la discusión del pensamiento del gobierno en los consejos de estado, en las cámaras, en la prensa, en la diplomacia, etcétera.
Alberdi considera que “el Jefe Supremo, como su nombre lo dice, debe estar más arriba del nivel de esas luchas y combates, en una especie de neutralidad excelsa que le conserve la confianza de los partidos rivales. Si la cabeza del Chimborazo está cubierta de un cielo azul y pacífico, es porque las tempestades pasan a sus pies. Todo el juicio del Presidente está en elegir sus ministros”.
La Constitución
Sin embargo, los conceptos alberdianos no se limitan a la materia presidencial. El electorado también es destinatario de sabias advertencias: “Que acertéis o no acertéis en la elección de un Presidente, tened por sabida una cosa capital: una elección no es cuestión de vida o muerte para el país y su Constitución (…) El país no puede perderse en ningún caso, en ninguna mano, bajo ningún gobierno. La Constitución no podrá desaparecer sea quién sea el Presidente electo”.
Y a los ansiosos, a los de impaciencia fácil, porque no ven concretados sus anhelos a la brevedad, hayan o no votado a determinado presidente, les indica:
Tened confianza ciega en la vida de la Patria, tenedla en vosotros mismos y contad a ojos cerrados conque la Constitución no dejará de existir por tener un Presidente más o menos imperfecto. Si podéis tenerlo bueno, tanto mejor para el país. Si os cabe tenerlo malo, no desesperéis por eso, aceptadle como la expresión equivocada de la voluntad nacional; pero no resistáis a esa voluntad ni al que ha sido elegido por ella justa o injustamente, a tuertas o derechas. Tened confianza ciega en la vida de la Patria, tenedla en vosotros mismos y contad a ojos cerrados conque la Constitución no dejará de existir por tener un Presidente más o menos imperfecto. Si podéis tenerlo bueno, tanto mejor para el país. Si os cabe tenerlo malo, no desesperéis por eso, aceptadle como la expresión equivocada de la voluntad nacional; pero no resistáis a esa voluntad ni al que ha sido elegido por ella justa o injustamente, a tuertas o derechas.
Constitución Nacional, un texto a menudo ignorado.
"La Constitución Nacional no dejará de existir por tener un Presidente más o menos imperfecto".
Finalmente, Alberdi les habla a los opositores, a aquellos que perdieron la elección y quedaron fuera de las instancias de poder: “El mejor recurso contra una elección perdida, es esperar, con la paciencia varonil de hombres de libertad, la suerte de la elección venidera, trabajando entretanto en mejorar sus propios intereses y dejando a la paz del país que produzca por sí misma sus frutos naturales”.
Estimamos que frecuentar el pensamiento originario de los Padres Fundadores es un ejercicio enriquecedor, en la medida que lo hagamos con desinterés ciudadano y altruismo patriótico. Poner en acto la austeridad republicana también es sumamente necesario a la hora de dar la batalla cultural por una Argentina Grande, con todos adentro.
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