El problema es la tasa, no la controversia
El economista plantea que la atención debería desplazarse desde la polémica institucional hacia la dinámica efectiva de precios, porque desde fines de 2024 la inflación mensual nunca logró perforar de manera sostenida el umbral del 2%, lo que configura un escenario de desaceleración incompleta que mantiene viva la nominalidad.
Un registro mensual cercano al 3% implica, si se lo anualiza, una tasa que supera con holgura el 40%, mientras que el 32,4% interanual refleja una mejora respecto de los picos del año anterior.
Aunque todavía distante de niveles que permitan hablar de estabilidad consolidada en una economía con historia de shocks recurrentes. Aunque todavía distante de niveles que permitan hablar de estabilidad consolidada en una economía con historia de shocks recurrentes.
La inflación dejó de ser explosiva y dejó atrás el riesgo inmediato de desanclaje total, pero tampoco ingresó en una zona de confort macroeconómico, dado que su persistencia erosiona previsibilidad en contratos, paritarias y decisiones de inversión.
Un fenómeno monetario
El interrogante que introduce el análisis remite al marco teórico clásico y a su adaptación a la Argentina actual, porque preguntarse si la inflación es exclusiva o principalmente monetaria obliga a definir primero cuál es el agregado relevante en un sistema financiero mucho más sofisticado y dolarizado que aquel que estudiaron Milton Friedman y Anna Schwartz en los años sesenta.
En una economía donde conviven pesos transaccionales, depósitos remunerados, pasivos del banco central, instrumentos del Tesoro y activos en moneda extranjera que funcionan como reserva de valor, identificar el canal predominante de transmisión entre emisión y precios requiere un diagnóstico más fino que el que ofrecían los manuales tradicionales.
Además, la dinámica inflacionaria puede estar influida por determinantes inmediatos, como ajustes tarifarios o recomposición de márgenes sectoriales, y por factores mediatos vinculados a la consistencia fiscal y a la credibilidad del régimen monetario, lo que obliga a separar causas estructurales de movimientos coyunturales.
Inflación sin salto cambiario
Uno de los aspectos más provocadores del planteo es la coexistencia de inflación con un tipo de cambio nominal relativamente estable o incluso apreciado en términos reales, circunstancia que desafía tanto a quienes atribuyen toda suba de precios a la devaluación como a quienes consideran que el ancla cambiaria es condición suficiente para estabilizar.
Si el dólar oficial no acelera y, aun así, los precios avanzan en torno al 3% mensual, entonces la explicación no puede reducirse al pass through inmediato y debe contemplar inercia, expectativas, estructura de costos y recomposición de precios relativos que todavía no terminaron de alinearse.
Este punto resulta especialmente relevante para el debate público, porque demuestra que la nominalidad argentina posee componentes más profundos que el simple movimiento del tipo de cambio, lo que obliga a un enfoque integral que contemple política fiscal, monetaria y coordinación de expectativas.
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