Por último, Marangoni destacó otros 2 momentos del Presidente que grafican cierto estado de confusión. Por un lado, apuntó el tiempo que le dedicó a dar clases en la Universidad de José C. Paz y lo que esto puede significar. "En otro contexto podría ser visto como un gesto de cercanía, de empatía. Pero en esta situación de crisis, también podría ser advertido como un escapismo. Una suerte de 'estamos perdidos'", dijo. El otro comentario del consultor estuvo relacionado con el acto que Fernández encabezó en Neuquén, en instalaciones de YPF, vinculado a la futura construcción del gasoducto 'Néstor Kirchner'. El Presidente no dejó allí ninguna definición concreta. Celebró la re-estatización de la gestión de la petrolera, reivindicó a Kirchner, habló sobre la situación energética actual y criticó la gestión macrista en la materia. Nada nuevo. Marangoni observó un patrón en las últimas apariciones públicas de Fernández. "El Presidente locuta los actos. Te dice quiénes están, el motivo del acto, y después un cierre y nada más", dijo. "Es elocuente de la conducción política en esta gestión", concluyó.
En algún punto, quizás, el Presidente también busca quedar fuera del foco.
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Alberto Fernández dio una clase en la Universidad de José C. Paz. ¿Un acto de escapismo? Foto: Instagram.
Casta
El desmoronamiento de la relevancia política del Presidente es un dato preocupante pero secundario si se lo compara con otro que tiene mayor impacto en la opinión pública y que es cierta alienación de la clase política dentro de su propio universo, divorciada del resto de la sociedad. La jugada de Cristina Kirchner para alterar la composición del Consejo de la Magistratura se enmarca en lo que el consultor Raúl Timerman destacó esta semana como "una grieta", pero esta vez entre la política y la ciudadanía. Para la Vicepresidente sigue siendo central su pelea con el Poder Judicial del que -como se señaló en esta columna la semana pasada- ella se siente víctima. CFK también ha teorizado respecto a la necesidad de una nueva estructura de los poderes del Estado, en el que la Justicia, por carecer de un origen en el voto popular directo, debe subsumirse a los que sí lo tienen. Pero para considerar tal posicionamiento ideológico como el motor de sus acciones en ese campo habría que obviar que la Vice tiene varias causas abiertas por corrupción que la agobian no sólo a ella, sino también a sus hijos. La necesidad de ocupar lugares estratégicos en la Justicia, entonces, no resultaría una lucha por disipar a ese Poder del estado de la influencia de lo que la Vice llama "poderes fácticos", por el bien de la sociedad, sino por preservarse a ella misma y a los suyos de eventuales condenas penales por supuestos delitos cometidos durante su gestión.
Ese es el trasfondo de la operación impulsada por Cristina Kirchner en el Senado para quedarse con una silla en el órgano de selección y remoción de jueces que, de no haber existido, hubiera quedado en manos del combativo y verborrágico Luis Juez. Tras la movida, el camporista Martín Doñate ocupará ese lugar de no prosperar las impugnaciones que surgieron a partir de la pirueta hasta ahora exitosa de la Vicepresidente. Ahora el fuego kirchnerista se concentra en la Corte Suprema con un proyecto para aumentar el número de sus miembros con el objetivo de debilitar a su presidente, Horacio Rosatti. Todo apunta a lo mismo, a evitar un desenlace inconveniente en los tribunales para los intereses de CFK. "Fue el Día de la Casta", para citar una última referencia de Gustavo Marangoni que describe la endogamia con la que se desenvolvió la política en estos días.
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Cristina Kirchner no tuvo apariciones públicas esta semana, pero se las arregló para mantener la centralidad.
Mundo real
Del otro lado, el mundo real de una sociedad angustiada por los efectos devastadores de la inflación sobre sus ingresos. En los últimos días, el Estudio Eco Go actualizó sus previsiones y elevó la estimación del piso la suba de precios al 65% a fin de año. En marzo, según datos del INdEC, el valor de la canasta básica subió un 7% (más que el promedio general) por lo que una familia tipo necesitó unos $90 mil para no ser pobre. La proyecciones privadas anticipan para abril una inflación no inferior al 5,5%, una desaceleración respecto al mes previo, pero que en el rubro alimentos seguirá teniendo una fuerte presión. El único atisbo de sensibilidad por parte del Gobierno fue el anuncio de unos bonos compensatorios para trabajadores informales, empleadas domésticas, jubilados y monotributistas (limitado, en estos últimos casos) que se prevén de muy corto alcance si la escalada inflacionaria no se detiene. "Una inflación del 60% no es de un país normal", se quejó el sindicalista bancario y diputado oficialista Sergio Palazzo, que va al paro porque las cámaras del sector no convalidan una recomposición salarial de ese orden. Palazzo, uno de los gremialistas más cercanos a CFK, reclamó un "cambios de políticas" para contener los precios dado que hasta aquí los esfuerzos que reconoce "no han sido eficientes".
Crisis de representación
No hay encuesta de opinión pública que no ubique la erosión de los ingresos como la principal preocupación de los consultados. ¿Qué recibe la sociedad en respuesta? Una pelea por ver quién pone o saca un juez de los tribunales. La consecuencia inmediata de esto, como sostuvo el analista consultor Hugo Haime, es "una crisis de representación", que ahora -observa- trasciende a los partidos y se extiende a las coaliciones. "Si hoy preguntás cómo van a ser las cosas si gana el FdT, el 25% responde que será mejor; un 30 y pico que será peor; y el resto, que no va a cambiar nada. Si preguntás por Juntos por el Cambio, da casi lo mismo. Lo que estamos viendo es que la gente no cree en ninguno de los 2. Después votará más en contra que a favor de alguien. Eso explica la popularidad de Javier Milei", describió entrevistado por AM 530.
Para Haime, la relación actual entre la ciudadanía y sus representantes es comparable con la que aconteció con el estallido social de principios de siglo. "En 2001 y 2002 tuvimos la explosión, el 'que se vayan todos'. El peronismo fue en 3 (espacios), la oposición fue en 3. Teníamos candidatos por todos lados. Y ahora estamos en una situación similar, nada más que hay 2 concertaciones que parecen conectar a los candidatos, pero para la opinión pública eso no sucede", explicó. "Esto de las coaliciones es algo que entra en discusión. Si no representan sectores sociales con claridad pierden sentido y para representarlos tienen que hacer una unidad de sentido", concluyó.
La hora de Milei
En este contexto crece la figura del libertario Javier Milei que viene a representar una suerte de espíritu del 'que se vayan todos' moderno. Los analistas explican que no son sus ideas anarco-capitalistas las que interpelan a los ciudadanos que lo ven con buenos ojos, sino su discurso rupturista del status quo. El desprestigio de la "casta", término que Milei incorporó al debate público, es lo que lo hace crecer. Y de forma transversal entre las capas sociales. La última encuesta de Ricardo Rouvier expuso que la penetración de Milei se da en la misma proporción tanto en sectores altos como bajos. El último relevamiento de CB Consultora en distritos del Conurbano bonaerense aporta que Milei tiene imagen positiva en torno al 50% en José C. Paz, Moreno y Florencio Varela. Son partidos con fuerte presencia de población carenciada. El diputado de La Libertad Avanza, al mismo tiempo, tiene gran aceptación en populosos distritos de histórica raigambre peronista como Lomas de Zamora y La Matanza. La encuesta de CB además muestra que Milei logra algo que cualquiera de las otras figuras medidas envidiaría: un saldo positivo entre el balance de su aprobación y desaprobación en todos los partidos. Una llamado de atención para el establishment político que en los últimos días dio una clase magistral de ombliguismo.
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