Ahí aparece la tensión de fondo: Frenar el traslado pleno del costo del GNL implica, necesariamente, resignar parte de ese sendero.
Especialistas del sector lo plantean sin ambigüedades. El contexto actual incorpora no solo precios más altos, sino también mayor riesgo operativo. Y eso, en el esquema privado, se paga.
Invierno más dependiente de importaciones
Pese al salto productivo de Vaca Muerta, Argentina sigue necesitando GNL en los meses fríos. La infraestructura de transporte aún no alcanza para cubrir picos de demanda residencial, industrial y eléctrica.
Para este invierno se estiman entre 20 y 25 cargamentos, dependiendo de la temperatura y la disponibilidad local. Y el problema estructural sigue intacto: obras clave demoradas, como la etapa II del Gasoducto Perito Moreno o la reversión del Gasoducto Norte.
El resultado es conocido: dependencia estacional del mercado externo, justo cuando ese mercado está más caro e inestable.
Inflación en la mira
El telón de fondo es macroeconómico. Los precios regulados ya vienen mostrando presión —combustibles, transporte, tarifas— y cualquier salto adicional puede complicar la desaceleración inflacionaria que busca el Gobierno.
Consultoras privadas advierten que los últimos datos de inflación todavía reflejan “shocks puntuales”. En ese contexto, un ajuste tarifario derivado del GNL importado podía convertirse en un nuevo foco de tensión.
Por eso, la decisión es clara: evitar el traslado inmediato del costo, aunque implique postergar la liberalización del mercado.
Señal política: Gradualismo forzado
Para una gestión que hizo de la desregulación una bandera, el freno en el GNL expone un límite concreto: la macroeconomía.
El Gobierno no abandona su objetivo de retirar al Estado de funciones comerciales, pero reconoce que el timing importa. En un invierno con precios internacionales disparados, avanzar con la privatización podía ser más costoso —política y económicamente— que sostener el esquema actual.
Para resumir: La reforma sigue en marcha, pero el mercado manda. Y hoy, el mercado del gas no ofrece margen para experimentos. Javier Milei tiene poco margen de maniobra para equivocarse.
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