"Abril de 2016. Un tiempo antes de que según los medios de comunicación dejara de ser una pendeja frívola para pasar a ser la capa de la mafia, con una mente por encima del rango normal, dado que con 12 años ya vivía una vida ilícita. Cada vez que el Macrismo generaba un nuevo hundimiento, sabía que era semana de mi nombre difamado por todos lados, de los orangutanes de la justicia metiéndose en mi casa y haciendo conmigo lo que querían, fuera de cualquier marco legal. Se había vuelto un plan sistemático. Me enfermaron, sí, pero jamás lograron que odiara mi nombre".
Hace unos días, también contó cómo convive con su enfermedad: "En La Habana había más que hospitales. Son muchas las veces que había estado acá pero jamás durante esa fecha en la que abundaba lo que tengo en la boca. Flor Carolina o Pseudobombax ellipticum. Solitarias, nacen donde antes habían hojas. Las encontraba esparcidas por el pasto durante las mañanas bajo el árbol. Era una excusa explosiva para el ánimo, salir a verlas, no quedarme atrapada yo, en la enredadera de una cama. Mi hija las agarraba como si fueran pompones, y nos las pasábamos por la cara".