La necesidad y la pandemia había acercado fuertemente a los dos dirigentes en los inicios del 2020. Mientras Juan Schiaretti peleaba contra las arcas secas de la provincia en medio de una caída histórica de la recaudación, Alberto Fernández necesitaba el quórum en el Congreso, que le permitió llevar adelante parte de su proyecto legislativo.
De este modo, y atentos a las necesidades mutuas, ambos decidieron tenderse una mano. Schiaretti puso a disposición a sus congresistas, mientras que Nación habilitó el dinero que Córdoba necesitaba para hacer frente a ciertas tormentas que se avecinaban.
Sin embargo, cuando Córdoba logró acomodar sus finanzas y, sobre todo, reestructurar su deuda internacional, Schiaretti pudo despegarse de una figura presidencial que cayó en la consideración de la gente. El schiarettismo tiene como regla en su manual de más de 20 años ininterrumpidos en su gestión, el mantenerse lo más lejos del kirchnerismo como sea posible, al menos para las cámaras (tal vez no así en la práctica).
Hoy por hoy, el relacionamiento entre Hacemos por Córdoba y el Frente de Todos podría ser calificado como tenso en varios frentes, aunque sin desconocerse políticamente aún. Algunas de las diferencias entre las gestiones que se acentúan en la actualidad pueden ser, por ejemplo, la prórroga de la ley de promoción de los biocombustibles (por la cual Córdoba aboga fuertemente gracias a su relación con el campo), el conflicto por la Cooperativa Integral de Servicios Públicos de Villa Carlos Paz (por el cual crecieron las diferencias entre el Gobernador y el senador, Carlos Caserio), o la reforma judicial que el kirchnerismo busca llevar adelante, pero que el schiarettismo anticipó no apoyar.
Todo ese bagaje será puesto en cuestión a la hora de ver si, finalmente, ambos dirigentes se muestran juntos. Y las formas en que lo hagan, si es que lo hacen, serán fundamentales.
Schiaretti calificó hace poco tiempo a su relación con Fernández como “institucionalmente correcta”, algo que enfrió definitivamente las chances de un acercamiento público. Esto provocó que el Frente de Todos comience a desarrollar un plan alternativo para su desembarco en Córdoba, que se da en la actualidad de la mano de Carlos Caserio, y con una estrategia de atracción a intendentes peronistas de las más de 400 comunas que hay en Córdoba.
La intención inicial de Alberto Fernández era la de poder unir al peronismo en Córdoba en el corto plazo, algo que quedó prácticamente descartado para este 2021 legislativo. Sin embargo, existen puntos de coincidencia que aún mantienen vivas las chances de un futuro acuerdo, sobre todo con vistas al 2023.
Esos son los nuevos dirigentes de Hacemos por Córdoba, que serían más partidarios de acordar con el Gobierno nacional. Actualmente, un nexo entre ambos espacios es Martín Gill, el secretario de Obras Públicas de la Nación, que tiene alcance tanto al Panal como a la Casa Rosada, y quien puede ser artífice de un reencuentro entre Schiaretti y Fernández.
Restará ver si finalmente Schiaretti acompaña a Fernández en la inauguración mencionada, algo muy probable ya que la provincia tuvo participación en la misma, y de qué manera lo hace. La poco usual visita de Fernández a Córdoba pondrá a prueba al schiarettismo, que tratará de mostrar lo menos posible la verdadera naturaleza de su relación con el kirchnerismo.