"(...) El punto crítico para Cristina será cómo hacer para combinar los caminos que está buscando para ordenar el tablero de las internas en el poder con un ambiente más amigable hacia las empresas, que le aseguren a la Argentina un flujo de capitales externos que hoy no tiene, situación que ha llevado al Gobierno a ponerle trabas a las importaciones, lo que a su vez compromete el crecimiento y aleja a los inversores. Un círculo demasiado vicioso para un mundo que hoy tiene sobrante de capitales y que ha dejado de mirar a la Argentina. El modo de salir del lío en materia de comercio en el que se ha metido el país representa todo un desafío para el kirchnerismo. (...)
Su amiga Hillary Clinton, la jefa de la diplomacia estadounidense, bien podría explicarle qué se entiende en el mundo por "reglas claras". Firmar y no cumplir es alterarlas. Barack Obama aplicó esa misma lógica, cuando retiró al país las preferencias de arancel cero para ingresar al mercado estadounidense por no pagar a dos compañías de ese país juicios ganados por ellas en el Ciadi, que es el ámbito al que la Argentina accedió a acudir cuando firmó el Tratado Bilateral de Inversiones.
Este punto oscuro es, al fin y al cabo, el que los países le endilgan a la Argentina. (...)
Ahora, si el Gobierno le transmite a la sociedad únicamente que la Argentina es una víctima de la situación, sin explicitar que, mientras el mundo va para otro lado, es el país el que ha decidido transitar otro camino y que estos son los riesgos estará cometiendo un pecado de omisión. Y más grave aún, si se intentan jugar de ahora en más explicaciones nacionalistas, emparentando el grave tirón de orejas con Malvinas o con la recuperación de YPF. (...)
(...) los países (N. de la R.: del G-20) han decidido reunirse el 18 de junio (N. de la R.: en Los Cabos, al sur de la península de California, en México) para reflexionar acerca de los avances realizados y de las tareas que aún se deben concluir. La Argentina tendrá que decidir si desea atacar o explicar. Sus antecedentes como emisor sin freno de dinero o títulos o como defaulteador serial no ayudan a la defensa, justo ahora que está siendo señalado "como un miembro del G-20 (que) se ha comprometido a abstenerse de levantar nuevas barreras al comercio y la inversión".
La dureza del verbo "comprometer" lleva a revisar si el país se ha apartado de las promesas firmadas en materia de restricciones al comercio en las últimas tres cumbres.
En junio de 2010, en Toronto (Canadá), suscribió un documento que renovaba por tres años, hasta finales de 2013, el compromiso de "abstenerse de levantar barreras o imponer nuevas barreras a la inversión o al comercio de bienes y servicios", mientras que explícitamente allí -como un atajo para retrotraer malas prácticas- los países tomaron la obligación de "rectificar las medidas que vayan surgiendo".
Luego, en noviembre del mismo año, en Seúl (Corea del Sur), la firma de la Presidenta se estampó sobre un texto que decía que los países miembros "vamos a abstenernos de introducir y se opondrán a las acciones proteccionistas en el comercio en todas sus formas", mientras que la Argentina prometió en un anexo de "compromisos políticos" conseguir como un objetivo de sustentabilidad que "el sector privado aumente la tasa de inversión y el potencial de exportación que incrementen la capacidad de resistencia a shocks desfavorables en materia comercial".
En la cumbre de Cannes (Francia), de noviembre de 2011, el país junto a los otros (...) "reafirmaron" mantener el actual statu quo en materia de comercio hasta el final de 2013 y se "comprometieron" a "hacer retroceder cualquier nueva medida proteccionista" que pudiera haber aparecido, "incluyendo nuevas restricciones incompatibles con la OMC".
Las autoridades se defienden y dicen que las medidas ejecutadas por Moreno "son compatibles con la OMC", pero es obvio que, desde la óptica de los países que pusieron el grito en el cielo, la Argentina incumplió todo lo que firmó.
El nuevo round de México tendrá una particularidad para Cristina, ya que en Cannes, los ministros habían sido "instruidos" por los presidentes (CFK incluida) para que "debatan" los desafíos y oportunidades que presenta el sistema multilateral de transacciones de bienes y servicios en una economía globalizada y para que presenten un informe en la Cumbre de México. (...)".
Eugenio Paillet tiene, a menudo, información muy interesante de lo que ocurre puertas adentro de la Casa Rosada. Él intentó buscarle un significado a la decisión de Cristina Fernández de refugiarse en su domicilio en El Calafate, Santa Cruz, considerando los problemas importantes que tiene su administración.
En La Nueva Provincia, de Bahía Blanca, él escribió:
"(...) La Presidenta se llevó a su lugar en el mundo una veintena de carpetas, dicen quienes la acompañaron hasta el Tango 01 en la tarde del viernes. Allí, figuran datos que le han provocado más de una rabieta en estos días y que se supone que ella pretende cambiar: por primera vez en veintisiete meses, cayó el índice de la construcción; el indicador de la producción industrial bajó en febrero con respecto al mismo mes de 2011, por primera vez desde 2001 los supermercados experimentaron una caída en las ventas de casi un dos por ciento, según datos del INDEC, y se frenó en febrero la compra de autos usados y cero kilómetro, de acuerdo con registros de las cámaras del sector. (...)
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El secretario de Obras Públicas, José López, uno de los que podrían dejar su cargo en el recambio de segundas líneas (y de algunas primeras figuras, también) que haría la presidenta antes de mediados de año, ha sido el receptor, en las últimas semanas, de duras quejas de gobernadores e intendentes aliados, por el freno drástica de la obra pública en sus distritos. O, cuanto menos, de la demora en enviar fondos para sostener esos emprendimientos que, hasta ahora, se realizaban de manera automática desde el Ministerio de Economía. "Se les acabó la caja y pretenden que el fin de fiesta lo paguemos nosotros", se despachó un ministro de Economía de provincia central, luego de un infructuoso paso por Buenos Aires en busca de aire para sus arcas semivacías.
Todos por igual, incondicionales y críticos, miran hacia el sur y esperan el regreso de la Presidenta para saber el verdadero alcance de las decisiones que podría tomar. ¿Alcanza con oxigenar el gabinete? (...)
El nerviosismo que se ha apoderado de algunos funcionarios clave de la administración hizo presa, la semana última, del jefe de gabinete, Juan Manuel Abal Medina, quien salió por los medios a "ratificar" a Florencio Randazzo al frente del Ministerio del Interior. No hizo otra cosa que blanquear una situación que hasta ese momento se había mantenido entre rumores de pasillo. La salida de Randazzo no sólo es fogoneada desde el cristinismo puro, que le endilga pasados favores a la empresa Boldt, cuando era ministro de Felipe Solá en la Provincia, por lo que también los fieles de Cristina hoy buscan complicar el futuro político y su eventual aspiración a la sucesión en 2015 a Daniel Scioli.
También hacen su aporte desde el Ministerio de Seguridad. Desde allí, se impulsó la especie según la cual Nilda Garré será la reemplazante de Randazzo, mientras que el ex mayor del Ejército y hoy segundo en la cartera de Seguridad, Sergio Berni, sería encumbrado en reemplazo de Garré. José López, el que recibe los palos de los gobernadores e intendentes por el freno a la obra pública, le dejaría su sillón a Jorge Ferraresi, intendente de Avellaneda y uno de los "hacedores" más admirados por Cristina. Marcha primero en el ranking de los municipios que más viviendas populares han entregado en los últimos años. No es poco.
El otro dato que Cristina Fernández analizaría en El Calafate sería el de llegar al mes de junio con una administración que le responda todavía más sin espacio para discusiones, incapaz de plantear una segunda opinión. Para que ese cometido sea posible, es menester ocupar al menos doscientos cargos de la administración con jóvenes de La Cámpora. Kicillof, en sus charlas diarias en Olivos con la presidenta, es uno de los más fanáticos impulsores de esa "revolución de los pibes", o de ese recambio generacional que tanto pregonó ella desde el atril, en los últimos tiempos. (...)".
"(...) un día antes del voto por la 125, cuando Kirchner movilizó sus huestes contra el campo que hacía lo mismo, descubrió que estaba perdiendo la calle, algo que no había ocurrido nunca con el peronismo en el poder.
El resto es historia conocida. Kirchner perdió primero en la calle, luego en el Congreso y al fin en las urnas, pero eso no lo hizo cambiar de ideas, sino de método. Cuando se recuperó, el objetivo que se impuso ya no fue el de recuperar el control de la calle sino el de apoderarse de la comunicación. Su enemigo ya no era el campo, sino los medios que habían reflejado el conflicto. Se persuadió de que ese era el nuevo escenario donde librar la batalla por el poder.
Actualizando la frase marxista, el poder ya no estaba en el propietario de los medios de producción, sino en el de los medios de comunicación. Y en eso andamos desde entonces, con una política cada vez más virtual y cada vez menos real, o surreal.
La política siempre tuvo mucho de espectáculo, el peronismo en eso supo ser experto con sus grandes movilizaciones callejeras. La novedad es que el kirchnerismo piensa que lo que antes ocurría en la calle hoy debe ocurrir en la tevé. El gobierno busca reproducir o reiterar o continuar conflictos de la historia argentina pero en el territorio virtual de los medios, ya no en los espacios físicos concretos donde antes acontecían. Como si la nueva política se tratara de una gran puesta en escena donde se teatralizan episodios de la vida real, frente a un pueblo devenido puro espectador.
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El relato oficial sostiene que los gobiernos ya no tienen el poder real, el cual ha pasado a las sets televisivos, a los dueños de los medios y a los opinadores políticos, que son los que de facto manejan el país al servicio de intereses inconfesables, como antes hacía la oligarquía o todos los viejos enemigos del peronismo tradicional.
Pero, a diferencia de aquellos tiempos, hoy no se trata sólo de controlar a los intereses “corporativos”, porque el gobierno no tiene poder para ello; tampoco se trata sólo de expropiar a los medios enemigos, porque otros surgirán en su reemplazo; de lo que se trata es de convertir al gobierno en un gran medio de comunicación, para que el poder real, o sea el comunicacional, vuelva a los políticos. (...)
"(...) El conflicto interno es la inflación. Esa escalada incontrolada de precios durante muchos años (ignorada por las falsas estadísticas del Indec) sobrevaluó la moneda argentina. La relación real entre el peso y el dólar, en valores constantes, es hoy igual que la que era durante la denostada convertibilidad. El tipo de cambio es peor aún para las exportaciones de todo tipo por obra de las retenciones, que no existían en tiempos de convertibilidad. Los salarios, medidos en dólares, son casi un 40 por ciento más altos que los de los años 90.
Esa regresión en el tipo de cambio provocó la fuga de la sociedad hacia el dólar, la moneda de los argentinos que ahorran. Enfrentar un fenómeno inflacionario requiere siempre de iniciales medidas impopulares. El populismo kirchnerista es, por definición, la antítesis de cualquier política racional y sincera. La solución que encontró es el cierre virtual de las importaciones y un rígido y arbitrario control de cambios.
Se puede ser Corea del Norte o Cuba, pero esos sistemas necesitan de gobiernos fuertemente autoritarios y de sociedades dóciles y acostumbradas a los sacrificios. No es el caso argentino. No lo es, tampoco, porque el espectacular crecimiento argentino se debió sobre todo al elevado precio internacional de las cosas que el país le vende al mundo. Se debió, en fin, a las exportaciones. ¿Es posible una agresiva política de exportaciones cuando se frenan las importaciones? ¿Es posible recibir del mundo sin darle nada? (...)
La cancelación de las preferencias norteamericanas a la exportación de productos argentinos no es importante por el volumen del dinero en juego, pero tiene la significación del frío político. Afecta también directamente a algunas industrias, como la vitivinícola, que había logrado instalar con éxito en los Estados Unidos el malbec argentino, considerado allá un vino bueno y barato. Washington y toda Europa se sumaron a la queja en la OMC. Europa es, como continente, el segundo destino de las exportaciones argentinas y tiene una política común de comercio exterior. (...)
Es difícil imaginar, por ahora, un apartamiento de la Argentina del G-20, porque tal inédita sanción debería ser votada por todos los países miembros. Pero varias naciones de ese exclusivo ateneo están dispuestas a recordarle a Cristina Kirchner que su país no reúne ninguna condición para estar ahí. No es una de las 20 principales economías del mundo; no se somete a la revisión anual del Fondo Monetario, a la que están obligados todos sus miembros; viola las reglas de la Organización Mundial del Comercio; no paga los juicios perdidos en los tribunales internacionales del Ciadi y nunca intentó saldar un default de diez años con el Club de París, que son deudas con Estados, no con privados. Alemania y Japón figuran entre los acreedores. (...)".
Eduardo van der Kooy es el columnista dominical principal del diario Clarín, y él escribió acerca de un tema muy interesante: Axel Kicillof es un pusilánime, una suerte de secretario privado de Cristina Fernánez en el Palacio de Hacienda. En ese contexto, choca la calesita, sin duda.
Un fragmento del texto:
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"(...) El Gobierno parece saturado de guerras de adentro y afuera . Cristina esperaría alguna certeza judicial sobre el caso Boudou antes de hacer alguna remoción del Gabinete. Empieza a darse de cuenta que algunos de sus hombres, sobre todo los que vienen del anterior mandato, dan síntomas de fatiga.
¿Randazzo? Podría ser.
¿Julio De Vido? Quizás también.
¿Carlos Tomada? Dependerá de cómo se salde la pelea con Hugo Moyano.
Otros novatos, en cambio, parecieran haberse quedado en promesa: sería el caso de Juan Manuel Abal Medina. El jefe de Gabinete trastabilló no bien entró a la disputa contra Repsol-YPF. ¿Habrá sido por esa razón que la Presidenta le condicionó la firma para autorizar los viajes de los ministros al exterior? Cristina supervisa qué ministro viaja, cuántos días y con qué viáticos. Algunos decidieron cancelar la mayor parte de las misiones fuera del país .
Esa concentración es una característica que se acentúa en la Presidenta cada día. Le resulta inadecuada todavía para resolver el aspecto más delicado de aquel cambio ministerial que viene maquinando: quiénes podrían ingresar en el lugar de aquellos que se vayan. La cantera cristinista ha quedado circunscripta a La Cámpora.
A esos jóvenes no se les podrá achacar la más mínima infidelidad. Pero no acostumbran ser una fuente de soluciones prácticas para los innumerables problemas cotidianos. Ese papel lo monopoliza Guillermo Moreno. Aunque el supersecretario siempre instala un pleito donde proclama alguna solución. Se advirtió cuando quiso fijar un precio rígido a la yerba mate. También con el bloqueo en la Aduana de los libros importados. Barullos y retrocesos.
Axel Kicilloff es ahora el preferido presidencial de la legión camporista.
“Doctora”, le dice a Cristina. El vice de Economía se destaca por su facilidad para exponer. Pero vacila cuando llega el minuto de las decisiones.
Quizá porque carece de autoridad para adoptarlas . Su comportamiento impresionó, en todos los sentidos, a los directivos de Repsol-YPF. En una ocasión, quiso acompañar en reunión de directorio de la petrolera al representante del Estado, Roberto Baratta, que responde a De Vido. La empresa le negó inicialmente el acceso pero, por una mediación, luego lo autorizó. Kiciloff no se atrevió a pedirle una contraorden a Cristina y el encuentro se frustró.
(...) Los jóvenes camporistas han ayudado a deslizar a la Presidenta hacia otro laberinto. Se montaron en su tirria contra Moyano como jefe de la CGT: pero no terminan de hallar la fórmula que garantice el 12 de julio –cuando se renovarán autoridades– la despedida del líder camionero. Los moyanistas afirman tener ahora cerca del 53% de los delegados que le asegurarían la continuidad. Los gremios opositores reunirían el 47%, divididos en dos bloques.
La tendencia económico-social, por otra parte, haría más complejo el desplazamiento de Moyano. En una reunión discreta, Tomada, el ministro de Trabajo, dijo que las paritarias no son una preocupación.
“Lo es la destrucción del empleo que ya se nota”, confesó. (...)".