Pero ahora, sobre el final del diálogo con el periodista de La Nación, suplicó: “Siempre quise volver al país. No me vinculen con la política argentina, por favor”. Sin dudas, algo muy difícil en un año electoral en el que, si bien no viajó al país, habló mucho sobre ese tema.
La comparación de Javier Milei con Adolf Hitler que hizo el presidente Alberto Fernández en Estados Unidos tiene su explicación. El Papa Francisco habló de política argentina como pocas veces en estos 10 años desde su arribo al Vaticano. Tal como lo subrayan analistas locales, él destacó que el problema del país no es económico sino principalmente político, que luego repercute en el Congreso, el dólar, la inflación, la pobreza y demás como un efecto dominó:
"Nos encantan las internas a nosotros. Hay un cuentito que dice que 7 ejecutivos terminan de firmar un acuerdo, las secretarias pasa en el acuerdo de las respectivas empresas y mientras esperan que venga el champagne para brindar, debajo de la mesa este con este hacen otra. Es decir, el internismo nuestro es dañoso, a tal punto que es más valioso que las pertenencias clave. El internismo destruye la afiliación política: vos sos socialista, radical o peronista, no importa, pero acá hay una interna y eso ya va resquebrajando la afiliación política de eso y, lentamente, se hacen sectores dentro de esto que no tienen fuerza política de convocatoria.
Entonces le pasa lo de Alemania. Yo recomiendo el libro Sindrome 1933, que narra un poquito el internismo tremendo que había en Alemania después de la República de Weimar y cómo no encontraban quién llevara adelante las cosas. Franz von Papen fue el responsable de esto quien presentó un político nuevo, que hablaba lindo, que sedujo a la gente. Se llama Adolfo y todo el mundo dijo: 'bueno, probemos con este que nadie lo conoce. No conocemos sus raíces, no conocemos su condición', todos votaron a Adolfito y así terminamos, ¿no? Entonces le pasa lo de Alemania. Yo recomiendo el libro Sindrome 1933, que narra un poquito el internismo tremendo que había en Alemania después de la República de Weimar y cómo no encontraban quién llevara adelante las cosas. Franz von Papen fue el responsable de esto quien presentó un político nuevo, que hablaba lindo, que sedujo a la gente. Se llama Adolfo y todo el mundo dijo: 'bueno, probemos con este que nadie lo conoce. No conocemos sus raíces, no conocemos su condición', todos votaron a Adolfito y así terminamos, ¿no?
Yo le tengo miedo a los salvadores sin historia. Cuando te viene un salvador sin historia, sospechá. Mostrame tu carta de identidad histórica, mostrame tu pertenencia".
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