“No hay paz sin justicia y no hay justicia sin paz”, dijo. Y agregó: “Esta vez que podamos recapacitar como ese hijo de la parábola salir del chiquero de las descalificaciones y del odio, ponernos de pie y animarnos a dar el paso hacia la reconciliación entre los argentinos”.
“Solo desde allí podremos gestar una sociedad más humana. La Casa del Padre también es casa de encuentro y de trabajo. El padre de la parábola organiza una fiesta por el regreso de su hijo. Quiere que todos festejen y que se sienten a su mesa”, añadió.
Luego recordó al fallecido Papa Francisco: “Decía que el aislamiento y la cerrazón en uno mismo o en los propios intereses jamás son el camino para devolver esperanza y obrar una renovación, sino que es la cercanía, la cultura del encuentro. 'El aislamiento, no', decía Francisco, 'la cercanía sí'“. Y repitió: ” Cultura del enfrentamiento, no, cultura del encuentro, si”.
El arzobispo además dijo que hay que “sentarnos a una misma mesa para pensar juntos, para generar consensos, para dialogar, para llorar nuestros fracasos sin estar siempre buscando culpables por lo que está mal y hacer fiesta con los pequeños o grandes logros sin querer figurar o obtener reconocimientos personales por los esfuerzos que son de todos".
Según él, la Casa del Padre “también es casa de trabajo” y dijo que “los jornaleros trabajan y tienen pan en abundancia, porque seguramente tienen un trabajo digno que es bien remunerado”. “Nadie se muere de hambre en la Casa del Padre”, afirmó.
Como en su bendición a las herramientas de trabajo, el arzobispo repitió que “el trabajo es un gran ordenador social” y que “ dignifica a las personas“. ”Como Iglesia valoramos todas las formas de trabajo, el empleo formal, los emprendimientos familiares, la economía popular, el reciclado, las changas, toda actividad que con esfuerzo lleva dignamente el pan a la mesa merece ser reconocida, acompañada y protegida“.
García Cuerva expresó que la Casa del Padre, también, es "hogar de fraternidad porque Él no quiere que nadie quede afuera. Quiere a sus hijos reunidos. No quiere que se distancien. Quiere que se reconozcan hermanos responsables unos de otros".
El arzobispo le pidió a San Cayetano ayudar a la Argentina, a hacerla “ una casa de reconciliación en la que dejemos de descalificarnos, de odiarnos, de tratarnos mal y de usar palabras que lastiman mucho“. Y citó al papa León XIV: "La paz comienza por cada uno de nosotros, por el modo en que nos miramos, en los que escuchamos a los demás, en que hablamos de los demás. El modo en que comunicamos tiene una importancia fundamental. Debemos decir no a la guerra de las palabras y de las imágenes".
Y cerró nuevamente recordando al Papa Francisco: “Lo que te da dignidad es ganar el pan y si nosotros no damos a nuestra gente, a nuestros hombres y a nuestras mujeres la capacidad de ganar el pan, eso se llama injusticia social. Los gobernantes deben dar a todos la posibilidad de ganar el pan, porque esa ganancia da dignidad".
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