En aquella oportunidad, y ante una fuerte desacreditación de la vacuna rusa, que se veía envuelta en numerosas suspicacias debido a la falta de información sobre los estudios que debían validarla, Alberto Fernández le solicitó a todos los gobernadores, especialmente los peronistas, a que se colocarán primeros la vacuna para brindar confianza y un espaldarazo político a su gestión.
Muchos gobernadores aceptaron y se sacaron la famosa foto con los enfermeros, pero Schiaretti fue uno de los que rechazó la propuesta, aduciendo que lo prudente era esperar a su turno y ceder la dosis a alguien del personal de salud. Y efectivamente así lo hizo, negándole a Fernández una foto que habría estado cargada de simbolismos respecto a una posible unidad entre el Presidente y el máximo referente de Hacemos por Córdoba.
La actitud de Schiaretti de negarse a la vacuna llegó en un momento en el cual el acercamiento entre el Gobierno nacional y el provincial era muy grande, ya que la provincia corría contrarreloj para solucionar un posible default, que terminó desactivando de manera independiente. Desde entonces, los actos schiarettistas siempre dejan una puerta abierta a un análisis de lejanía, algo en que los propios protagonistas (tanto kirchneristas como de Hacemos por Córdoba) coinciden.
En los últimos días, Schiaretti ha protagonizado actos en los cuales parece haber cerrado filas en su propio partido, entendiendo que la victoria de la deuda le dio músculo político como para realizar un cierre, y no tener que mostrarse con dirigentes K que dañan su imagen entre sus votantes más acérrimos. En consonancia con estas actitudes, la vacunación de hoy no es un simple procedimiento sanitario.
Si bien el gobernador debía vacunarse, debido a que su salud es uno de los temas que más preocupan a los que los rodean (es diabético y tiene cuatro stents coronarios), la recepción de la vacuna por parte de Schiaretti es un nuevo mensaje sin una dirección específica, pero que sienta nuevamente la postura de partido independiente y de “modelo cordobés” de la cual el schiarettismo hizo uso durante todos estos años. Tal es así, que la respuesta oficial a la pregunta de cuando el Gobernador sería vacunado era “cuando él considere oportuno y sea su turno”, repetían funcionarios desde el Panal.
“Me voy a vacunar cuando corresponda que me vacune. En este momento hay que ser justos y equitativos y empezar por el personal sanitario”, expresó en su momento el mandatario cordobés, cuando la vacunación iniciaba. A pesar de que el turno de Schiaretti no había llegado hasta estos días por su edad, se entiende que ello fue tan solo una excusa para poder diferir en el tiempo su inoculación del acto político que se hizo a nivel nacional con la llegada de la vacuna.
De este modo, el ‘Gringo’ da señales de ser inflexible en su modo de conducir, en la que reivindica las formas independientes y moderadas que lo pusieron donde está hoy luego de 20 años de reelecciones. Con un Schiaretti ya vacunado, ahora son 12 los gobernadores que ya recibieron su vacuna contra el coronavirus.
Axel Kicillof (Buenos Aires), Raúl Jalil (Catamarca), Jorge Capitanich (Chaco), Gustavo Valdes (Corrientes), Gustavo Bordet (Entre Ríos), Sergio Ziliotto (La Pampa), Ricardo Quintela (La Rioja), Oscar Herrera Ahuad (Misiones), Omar Gutiérrez (Neuquén), Arabella Carreras (Río Negro) y Alberto Rodríguez Saá (San Luis) son los gobernadores que completan la lista de vacunados hasta ahora.