Alberto F. quiere una banca cordobesa y Schiaretti espera

Las condiciones para alcanzar la verdadera unidad peronista en Córdoba son complejas. Desde Nación necesitan que una de las bancas de Hacemos por Córdoba en Diputados sea ocupada por un actor cercano al kirchnerismo para llevar adelante el proyecto reformista. Por otro lado, el peronismo schiarettista pretende renovar las bancas que posee en la Cámara Baja y mantener el poder de negociación con la Casa Rosada. La situación económica de la provincia será determinante para saber si efectivamente hay acuerdo, aunque desde el Frente de Todos ya pusieron en marcha un plan b, en caso de que Schiaretti no se suba al tren de la unidad. El senador Carlos Caserio encabeza la reconstrucción kirchnerista en Córdoba y es quien más puja por que el espacio se corte solo y vaya por las bancas por su cuenta.
martes, 5 de enero de 2021 · 17:52

CÓRDOBA. El proyecto reformista que el oficialismo nacional busca llevar adelante es altamente ambicioso, al menos desde un punto de vista político. El entramado que debe atravesar el Frente de Todos para lograr sus cometidos es, sin dudas, muy complejo debido a las cientos de diferencias que dividen y alejan a los distintos actores, los unos a los otros.

Esas distancias se expresan muchas veces con los opositores, pero también con los “propios”. Casi todos los espacios tienen algún tipo de interna en la actualidad (algunas más complejas que otras) que deberán resolver por su cuenta de cara a las elecciones legislativas que tendrán lugar en el 2021 y definirán qué jugadores juegan para cada equipo respectivamente.

La negociación entre el Frente de Todos y Hacemos por Córdoba es un claro ejemplo de las distancias que se pueden marcar dentro de un mismo partido (en este caso sería el peronismo) gracias a la polarización que existe en las posturas políticas. Esta negociación resulta trascendental porque implica un movimiento clave para el kirchnerismo rumbo a la concreción de su proyecto.

Durante el 2020 la mesa se tendió para la charla entre dos espacios que comparten mucho en los papeles, poco en la práctica, pero que se necesitan mutuamente (aunque no están dispuestos a ceder demasiado). La época de enfrentamientos entre kirchneristas y schiarettistas/delasotistas, quedó en la historia por la primacía de la necesidad. 

Las negociaciones actualmente pasan por una cuestión principal: las bancas a ocupar, tanto en diputados como la de senador. Actualmente el peronismo de Córdoba (entendido como una unidad) tiene seis bancas en diputados y una en senadores. 

De esas seis en la Cámara baja, cuatro responden al gobernador Juan Schiaretti, y las dos restantes le responden al Frente de Todos. Mientras que en el Senado, Carlos Caserio ocupa la única banca del peronismo de Córdoba, y es el hombre al frente de la reconstrucción kirchnerista en esa provincia.

La pretensión de Alberto Fernández es conseguir un acuerdo de unidad con el schiarettismo y poder encarar las elecciones legislativas como un espacio unificado. Ese acuerdo ofrecido va con la condición de que al menos una de las bancas de Diputados sea ocupada por algún kirchnerista de pura cepa que responda a la Casa Rosada sin tener que pasar por el Panal cordobés. 

Esto le permitiría al espacio K tener el apoyo necesario de Córdoba sin tener que negociar con la provincia distintos presupuestos o ayudas, algo que se repitió en la colaboración mutua que hubo durante el 2020. Es decir, el kirchnerismo pretende dejar de lado el negocio político y que el apoyo mutuo sea fruto de una coincidencia ideológica (en este caso sería forzada).

Durante el año que pasó, la colaboración mutua fue mediante un verdadero “negociado político”, en la cual los legisladores de Hacemos por Córdoba se prestaron a las expectativas políticas del Gobierno nacional en ciertas ocasiones (la movilidad jubilatoria, por ejemplo), como un medio para conseguir ayuda económica y presupuestaria para una provincia que atraviesa una profunda crisis y está próxima a caer en default.

Por otro lado, desde Córdoba supieron establecer el mencionado “negocio” político que le permitió al espacio de Hacemos por Córdoba atravesar el 2020 lo más normalmente posible, aunque sin resolver el problema de la deuda. Este tipo de relacionamiento con el Gobierno nacional, le permitió a Schiaretti mantener una distancia de imagen, algo muy importante para Hacemos por Córdoba en materia electoral, aunque para poder obtener una verdadera asistencia nacional en las negociaciones con los bonistas que son acreedores de la provincia por más de 1600 millones de dólares, la relación debería dar un paso más.

Cada vez que ambos espacios se mostraron cercanos políticamente, el schiarettismo se vio perjudicado en las encuestas de una provincia que tiene un gran nivel de rechazo al kirchnerismo. A sabiendas de ello, Schiaretti pretende mantener la relación política impersonal que ha sabido establecer con la Rosada, ya que consigue lo que necesita sin perder imagen entre sus electores.

De este modo hay un verdadero tira y afloje: el kirchnerismo pretende que Hacemos por Córdoba tienda a la unidad con la entrega de una de las bancas en diputados (sabiendo de la urgencia económica por la que pasa el Gobierno cordobés). Y, si bien el schiarettismo no pretende entrar en conflicto ni pasar por una interna, tampoco es de mucho agrado el hecho de tener que entregar una banca para llegar a un acuerdo de unidad, más aún cuando Schiaretti está próximo a dejar el Ejecutivo cordobés pero sin querer perder influencia política, aunque la necesidad muchas veces puede más que la voluntad.

Esta negociación continuará y la situación económica será fundamental para conocer a qué términos arriban ambos espacios a la hora de realizar un acuerdo, en el que sin dudas ambos tienen intereses en juego y vienen gestando desde que se conocieron los resultados de las PASO de 2019, que prácticamente sentenciaron el destino del Ejecutivo nacional. Por el momento, desde ambos lados se muestra una relación institucional sana (son dos espacios oficialistas en los distintos niveles estatales), aunque Schiaretti venga evitando encuentros con Alberto F. (fue el único gobernador peronista que no se alineó con el Frente de Todos aún y que no se reunió a solas con el Presidente desde su asunción). 

Un ejemplo de ello fue el anuncio del cierre de la circunvalación de Villa María, donde el presidente Fernández estuvo presente vía conferencia. En ese acto, el gobernador Schiaretti agradeció el apoyo nacional mediante su ministro de Obras Públicas provincial, Ricardo Sosa

También se pudo ver hace pocos días al intendente schiarettista de Córdoba y posible sucesor de del actual Gobernador en el 2023, Martín Llaryora, reunido con el senador Carlos Caserio. Pero por fuera de los actos institucionales, los reproches políticos están a la orden del día, sobre todo de la mano del ala dura del kirchnerismo en Córdoba, con el senador Caserío a la cabeza.

Caserio y Llaryora dialogan institucionalmente.

Caserio, el mariscal kirchnerista en Córdoba que se adelanta

La expectativa por el encuentro de los dos espacios está latente, pero ante la falta de certezas, el kirchnerismo ya comenzó a diagramar una segunda opción de acción que contemplaría la posibilidad de correr solo en Córdoba e ir por las bancas necesarias, generando una división peronista en la provincia. Por supuesto que esta opción funciona como una presión al schiarettismo para arribar al acuerdo.

La posibilidad es la bandera de Caserio, el senador por Córdoba que responde directamente al Frente de Todos y busca promover la idea de que no hay que esperar a lo que haga el oficialismo cordobés para comenzar a trabajar en la provincia. Esta intención fue pública cuando se la planteó en el acto de cierre de año del PJ en Córdoba, que tuvo participación del Presidente de la Nación y ausencia de representantes del Gobierno cordobés.

Dicha ausencia valió la crítica hacia Schiaretti por parte de Caserío, que dijo no entender cómo es que Córdoba aún no se suma al proyecto del Frente de Todos. De hecho el senador kirchnerista piensa que el ‘Gringo’ nunca dará el paso hacia la unidad.

Cabe recordar que Caserio ocupa una banca en el senado que es pretendida por el schiarettismo, más precisamente por Alejandra Vigo, actual diputada por Córdoba y esposa de Juan Schiaretti. Aunque ello no sería un punto de conflicto insalvable, Caserío pretende sostenerse en el cargo. 

De este modo, el senador busca consolidar un espacio propio del kirchnerismo en Córdoba que sea capaz de competir con el schiarettismo de cara a las elecciones provinciales del 2023. La idea de poner “gente del palo” sigue siendo moneda corriente entre los K. 

En el mismo acto, Alberto F. bajó un mensaje más conciliador (nunca lanzó críticas contra la gestión de Hacemos por Córdoba) al cual adhieren muchos kirchneristas que consideran que la unidad del peronismo es la mejor opción. Mientras continúa el juego del “policía bueno y el malo”, en el PJ cordobés (como unidad) se sigue especulando con guiños políticos poco sólidos a la hora de esperanzarse con una unidad, aunque el escenario parece ser favorable a ese final y el diálogo es sostenido, al menos mediante los canales institucionales.

Quedará por verse cuál es la influencia del recambio generacional que le espera al schiarettismo (hay tres candidatos en carrera, todos con distinto nivel de acercamiento a la Rosada), y que tan dispuesto está Schiaretti a entregar un bastión de la resistencia al kirchnerismo en el país a la propuesta de Alberto Fernández, con Cristina Kirchner por detrás. Todo ello sin olvidar que el pueblo cordobés puede pasar factura ante cualquier decisión que busque instalar al kirchnerismo en la provincia.