Por eso, es una visita de alto riesgo para Alberto Fernández, en un momento donde las jugadas individuales no le vienen saliendo bien. Con tan solo repasar los últimos tiempos, los fallos presidenciales entre furcios y manifestaciones en contra han sido múltiples.
Y de Córdoba no se puede esperar menos que de lugares como Salta o Pergamino. Para gran parte de los cordobeses, Alberto Fernández es mala palabra, mucho más si llega en su versión cristinista.
En la previa a la llegada presidencial, algunos ya comenzaron a protestar vía redes sociales, alentando una manifestación masiva en contra del mandatario. El hashtag “Córdoba NoTeQuiere” se hizo tendencia rápidamente en Twitter al confirmarse la visita de Fernández.
A todo este marco negativo, hay que sumarle las diferencias con Hacemos por Córdoba. En las últimas semanas esas diferencias escalaron tanto que incluso hubo un ida y vuelta mediático entre ambos espacios.
Primero, el Gobierno nacional, de la mano del propio Alberto Fernández, tildó de irresponsable a la gestión cordobesa por el tema clases. Desde la provincia mediterránea respondieron aunque sin ánimos de enfrentar. Además, hay diferencias por la carne, los biocombustibles y la hidrovía Paraguay-Paraná.
Para los schiarettistas, la gestión de Alberto Fernández sostiene viejos vicios kirchneristas que no permiten un acercamiento con el Gobierno nacional. Más aún teniendo en cuenta que ese espacio comparte electorado con la oposición nacional, por lo que un acercamiento con el Frente de Todos resta en términos electorales.