A su vez, a la noche irrumpió desde Casa Rosada con su ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, para volver a cargar contra Macri:
Firmé un decreto a través del cual le encomiendo al Ministerio de Obras Públicas iniciar una acción que busca la nulidad de los contratos de concesión de las autopistas del Acceso Norte y Oeste Firmé un decreto a través del cual le encomiendo al Ministerio de Obras Públicas iniciar una acción que busca la nulidad de los contratos de concesión de las autopistas del Acceso Norte y Oeste
Entonces, agregó: "Los contratos, firmados en 2018, han generado un enorme daño económico al Estado y a usuarios de las autopistas, beneficiando a las empresas concesionarias.
Le pedimos a la Justicia que anule los contratos y, seguramente, que nos devuelva la administración de las vías.
El mejor Estado es el que cuida el patrimonio de todos, que no permite que alguien gane mucho en desmedro de otro. Estas cosas deben dejar de suceder en la Argentina".
Lo más probable es que Fernández pierda en la Justicia como ocurre en todas las causas contra la oposición y tal vez eso ni siquiera importe. La clave acá es que tanto en el Frente de Todos como en Juntos por el Cambio miran con desconfianza su reacción no por cosa que no sea su capacidad de daño.
Fernández, un cadaver político que deambula entre asados con Mario Ishii y empresarios del Grupo Indalo, nunca logró hacer pie y seguramente no lo logre, pero sí puede, con muy poco, romper cualquier puente que se propongan el oficialismo y la oposición para estabilizar la macroeconomía.
En tal caso, el debate hoy es si vuelve la polarización o si se rompen el FDT y JXC. Fernández difícilmente tenga un lugar en ambos esquemas. Su actitud solo es comparable a la del Grupo Clarín.
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