En ese contexto, detalló que los bajos salarios y el alto costo de vida en la Patagonia empujaron a los efectivos a organizarse: “Empezamos a analizar todo eso y ya venimos con un malestar, entonces hemos decidido autoconvocarnos y presentarnos a hacer un petitorio al gobierno provincial”. Según indicó, ya entregaron dos pedidos formales sin obtener respuesta, lo que derivó en medidas de visibilización como bocinazos en distintos puntos de la provincia.
Al describir la realidad cotidiana, el ex comisario fue contundente: “Acá la situación es gravísima porque una gente está cobrando un millón y cien pesos en la mano”, mientras que “un alquiler como menos está saliendo 700 mil pesos mínimo” y “la canasta básica [es] de un millón seiscientos para arriba”. En ese marco, advirtió: “Hoy los policías no garantizan a sus familias un plato de comida”.
Otro de los puntos críticos es el deterioro de las condiciones de trabajo. Quipildor denunció “el abandono total del estado que tenemos en las comisarías”, con dependencias “sobrepobladas de personas detenidas”, falta de personal y escasez de recursos: “Tenemos tres o cuatro policías por turno en una comisaría”, lo que impide garantizar la seguridad tanto dentro como fuera de las dependencias.
A esto se suma la falta de equipamiento básico: “Los uniformes los compramos nosotros”, afirmó, y reclamó un reconocimiento específico por las condiciones laborales. “ Nosotros lo que pedimos acá es que el gobierno nos reconozca un plus por insalubridad. Policía hoy no cobra insalubridad y es algo que se viene peleando hace rato”.
"Queremos evitar la huelga policial pero nos están llevando a eso"
Con 28 años de trayectoria en la fuerza, Quipildor también cuestionó el funcionamiento de la representación sindical: “Hoy esa asociación representa a mil, mil doscientas personas, más no. Y nos quedan tres mil policías afuera”, y sostuvo que “la asociación civil hoy no es transparente”, lo que impide que la realidad de los efectivos llegue a la mesa de negociación.
La situación de los nuevos agentes fue otro de los aspectos más delicados de la entrevista. El ex comisario denunció que “hace poquito egresaron 93 agentes nuevos, no le dieron chaleco balístico” y que muchos fueron enviados lejos de sus familias “con la mitad del sueldo, porque les siguen pagando como estudiantes policiales”. En algunos casos, relató, “están todos en un gimnasio municipal durmiendo en el piso”, dependiendo de la ayuda solidaria de otros compañeros.
Incluso, alertó sobre las consecuencias humanas de este escenario: “Hace 20 días atrás un agente de estos muchachos nuevos se quiso matar”, hecho que vinculó directamente con el abandono, la distancia de la familia y la imposibilidad de cubrir necesidades básicas.
De cara a los próximos pasos, Quipildor explicó que el colectivo policial busca evitar una medida extrema, aunque no la descarta: “Lo que nosotros queremos evitar es llegar a una medida de fuerza como es una huelga policial”, dijo, pero advirtió que “lamentablemente el gobierno, al no escucharte y no darte respuesta, nos está llevando a eso”.
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