La pesadilla que no termina
Acá viene lo que realmente te va a dar escalofríos: no existe cura. Los veterinarios pueden hacer poco más que mirar cómo estos conejos cargan con sus deformidades hasta morir. En algunos casos, los crecimientos se vuelven tan grandes que los animales no pueden alimentarse y terminan muriendo de hambre. Una muerte lenta y cruel que nadie puede evitar.
Lo más inquietante es que algunos de estos conejos logran sobrevivir años enteros con estas protuberancias. Susan Mansfield fue testigo directo: el conejo que vio volvió temporada tras temporada, cada vez más deformado. Como si la naturaleza hubiera decidido crear su propia versión de una pesadilla interminable.
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La infección se transmite a través de garrapatas y mosquitos; no hay evidencia de que se transfiera a otros animales.
Aunque las autoridades insisten en que el virus no salta a humanos, la sola imagen de estos animales mutantes deambulando por los barrios residenciales de Colorado genera una sensación de inquietud que no se va fácil. Porque si algo así puede pasarle a un conejo, ¿qué nos garantiza que la naturaleza no tiene otros horrores preparados para nosotros?
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