El objetivo de Stardust es liberar millones de toneladas de una partícula reflectante especial en la estratosfera, la capa atmosférica ubicada entre 6 y 19 kilómetros sobre la superficie terrestre. Estas partículas actuarían como un velo que atenuaría la luz solar, enfriando la Tierra.
Tecnología con precedentes
El concepto no es nuevo; se basa en el fenómeno natural observado tras las grandes erupciones volcánicas, como la del Laki en Islandia en 1783.
La erupción del Laki lanzó 122 millones de toneladas métricas de azufre a la atmósfera. Estas partículas de azufre, al alcanzar la estratosfera, se dispersaron por el hemisferio norte, causando una reducción de la luz solar, un invierno excepcionalmente brutal en Europa y Norteamérica (con témpanos de hielo en el Golfo de México), y hambrunas en China y Egipto. Benjamin Franklin fue uno de los primeros en teorizar la conexión entre el fenómeno climático y la erupción islandesa.
Stardust
La empresa busca replicar este efecto de enfriamiento sin el azufre ni la lava. Planea utilizar una flota inicial de aproximadamente 100 aviones para volar continuamente a la estratosfera y dispersar las partículas reflectantes.
Los investigadores sugieren que para lograr un enfriamiento uniforme, las partículas deben dispersarse desde regiones justo al norte y al sur de los trópicos (por ejemplo, desde Florida y el sur de Brasil). Las partículas se dispersarían por el planeta, produciendo un descenso gradual de la temperatura. Se estima que las partículas caerían de la atmósfera después de aproximadamente un año y deberían ser reemplazadas continuamente.
La Royal Society británica y otros científicos como Douglas MacMartin, ingeniero aeroespacial de la Universidad de Cornell, han confirmado que existe poca duda sobre la eficacia de la geoingeniería solar para reducir la temperatura global.
El costo se estima en decenas de miles de millones de dólares al año, una cifra que podría ser atractiva para gobiernos como el de EE. UU., cuya factura anual por desastres climáticos y meteorológicos fue de 182.700 millones de dólares en 2024.
El dilema de la gobernanza
La emergencia de Stardust ha forzado una confrontación entre la urgente necesidad de soluciones climáticas y la profunda falta de un marco regulatorio internacional para esta tecnología de impacto planetario.
Jaños Pasztor, exalto funcionario de la ONU y asesor de clima del ex Secretario General Ban Ki-moon, es una figura central en este debate. Pasztor, que ahora dirige un centro de estudios que aboga por normas globales para la geoingeniería solar, fue contactado por el director ejecutivo de Stardust, Yanai Yedvab (un físico nuclear y ex subdirector científico de la Comisión de Energía Atómica de Israel), para asesorar sobre la credibilidad pública y la regulación.
Objeciones
Fines de Lucro: El modelo de negocio de Stardust, impulsado por inversores de Wall Street y Silicon Valley, genera temor de que el afán de lucro prevalezca sobre las dudas científicas o el escrutinio público.
Falla de supervisión: La empresa ha llevado a cabo su investigación y desarrollo con mínima o nula supervisión por parte de gobiernos o entidades internacionales.
Transparencia: Pasztor aceptó unirse como consultor para ayudar a la empresa a publicar un informe sobre los desafíos regulatorios y de gobernanza. Sin embargo, su posterior salida amistosa se debió a la preocupación de que Stardust no estaba tomando en serio sus recomendaciones de transparencia, como la publicación de un código de conducta y el mantenimiento en secreto de la composición química de sus partículas y los planes de liberación. De hecho, expertos cibernéticos confirmaron que el sitio web de Stardust contenía una línea de código que lo ocultaba de los motores de búsqueda, lo que aumentó la desconfianza.
Vacío legal internacional
Actualmente, no existen restricciones internacionales vinculantes ni estándares nacionales sólidos que regulen la geoingeniería solar, ni en Israel (donde tienen su laboratorio) ni en USA (donde están registrados en Delaware).
Bloqueo en la ONU
Las propuestas para establecer grupos de expertos que estudien los "riesgos y oportunidades" del campo han fracasado dos veces en la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, con naciones profundamente divididas sobre cómo abordarlo.
En 2022, casi 600 académicos firmaron un llamado a un "acuerdo de no uso de geoingeniería solar", argumentando que desvía la atención de la descarbonización, que es la única solución permanente para la crisis.
Riesgos geopolíticos
La geoingeniería solar no es una cura, sino un tratamiento que requiere ser sostenido mientras la humanidad reduce el exceso de dióxido de carbono de la atmósfera, un proceso que podría llevar un siglo o más. La dependencia de esta tecnología plantea graves riesgos a largo plazo:
Consecuencias ambientales impredecibles
Aunque podría beneficiar a la mayoría de las personas al reducir la temperatura, los modelos climáticos han señalado posibles efectos secundarios negativos, lo que subraya el conocimiento aún parcial sobre la tecnología.
- Sequías: Posibles sequías en el África subsahariana y sequías invernales en el Mediterráneo.
- Fenómenos extremos: Posibles huracanes más intensos en el Atlántico Norte.
- "Shock de Terminación"
Si la inyección de aerosoles se detuviera abruptamente con todo el carbono aún acumulado en la atmósfera, se produciría un aumento repentino de la temperatura global con efectos desconocidos, pero probablemente desastrosos. Este riesgo plantea la posibilidad de "extorsión" por parte de las empresas o gobiernos que controlen la tecnología, ya que el mundo entero dependería de su uso continuo.
- La capacidad de modificar el clima global en pocos años convierte a la geoingeniería en un tema de seguridad nacional.
- Culpa y Escalada: Si un país sufre una sequía o un evento climático extremo, podría culpar, con o sin razón, a un vecino que esté realizando geoingeniería. Esto podría escalar tensiones, como entre India y Pakistán, o China y Estados Unidos.
- Vigilancia Militar: El Pentágono, a través de la Junta de Ciencias de la Defensa, ha pedido a Estados Unidos que establezca capacidades de monitoreo para detectar partículas inusuales en la estratosfera, buscando prevenir que un adversario como China o Rusia pueda ejecutar una "acción unilateral de interacción climática" y obtener una sorpresa estratégica.
Ética y geoingeniería
La aparición de una startup privada con la capacidad de controlar la temperatura global plantea preguntas de índole cosmológica: ¿Tiene la humanidad el derecho de alterar la naturaleza a esta escala?
La geoingeniería solar es la mayor alteración deliberada de la naturaleza por parte de la humanidad. Su desarrollo por parte de una entidad con fines de lucro y la falta de un marco de gobernanza sólido subrayan una realidad alarmante: el poder de alterar el clima global ya existe y está avanzando rápidamente, mientras el debate político y ético internacional se mantiene estancado.
El precio de la velocidad tecno
Stardust, cuyo financiamiento fue liderado por Lowercarbon Capital (un fondo de capital riesgo de alto perfil), está apostando a que una startup privada puede avanzar más rápido que la investigación académica o gubernamental. Sin embargo, su velocidad se ha logrado a expensas de la transparencia.
Acuerdos de Confidencialidad (NDA): La empresa exige a los científicos consultados firmar acuerdos de confidencialidad para proteger su propiedad intelectual, lo que frustra a la comunidad científica, que considera esto contrario a la libertad científica y la revisión por pares en una tecnología de impacto global.
- Pruebas Secretas: Stardust ha realizado pruebas a baja altitud en Israel con "partículas de prueba" sin previo aviso ni debate público, evidenciando "lagunas significativas" en la legislación.
- Hoja de Ruta Ambiciosa y Confidencial: Un documento de presentación a inversores de 2023 reveló planes agresivos:
- Demostración de reducción de temperatura: 2027.
- Posible adquisición o contratos gubernamentales (~ $200 millones anuales): 2028.
- Despliegue global a gran escala: 2035.
Cabildeo en Washington
Stardust ha gastado $260,000 en cabildeo y ha contratado a influyentes asesores de seguridad nacional (como WestExec Advisors) para influir en el marco regulatorio de EE. UU.
Críticas y el Dilema de la Confianza
Veteranos de la geoingeniería, como David Keith (fundador de Carbon Engineering y pionero en Harvard), han rechazado asesorar a Stardust y la han criticado por ser una empresa con fines de lucro en un campo de riesgo planetario.
Pasztor concluye que, dado que el sistema internacional ha fallado en la descarbonización, la única opción es que la sociedad despierte y decida si debe prohibir la geoingeniería o crear marcos de gobernanza rigurosos para que pueda operar con seguridad. Stardust, por su parte, insiste en que su deseo es que los gobiernos regulen el campo, ya que no quiere que se confíe en ellos, sino que sean las instituciones internacionales las que validen y verifiquen la seguridad de la tecnología. La ironía es que el plan de seguridad depende del mismo sistema internacional que ha fracasado repetidamente.
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