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Guerra civil en chimpancés: Qué revela sobre el origen de la violencia humana

La mayor comunidad de chimpancés salvajes del mundo se fracturó en Uganda y protagonizó ocho años de ataques mortales entre excompañeros. Guerra total.

En el Parque Nacional de Kibale, Uganda, vive la mayor agrupación conocida de chimpancés salvajes: el grupo Ngogo, de casi 200 individuos. Durante tres décadas convivieron bajo la misma estructura social. Luego se dividieron, y la convivencia se convirtió en guerra.

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Entre 2018 y 2024, los científicos registraron o dedujeron con alta certeza 24 ataques mortales: 7 contra machos adultos y 17 contra crías. Todos fueron iniciados por el grupo Occidental, el más pequeño en número.

Las escisiones permanentes en chimpancés son extraordinariamente raras. Las pruebas genéticas sugieren que ocurren, en promedio, una vez cada 500 años. Por eso, cuando los investigadores de la Universidad de Texas presenciaron la ruptura en tiempo real, los s que acumularon resultaron únicos en la historia de la primatología.

Cómo se desarrolló la división entre chimpancé

Durante las dos primeras décadas de observación, los chimpancés de Ngogo se movían entre subgrupos flexibles, uniéndose y separándose con normalidad. Sin embargo, hacia 2015 comenzaron a aparecer los primeros signos de polarización.

Ese año coincidió con un cambio en la jerarquía de dominancia masculina. Además, un año antes habían muerto varios machos adultos que, según los investigadores, habrían actuado como figuras de cohesión capaces de mantener unido al grupo. Su ausencia pudo haber agravado las tensiones latentes.

Embed - Violent chimpanzee attack - Planet Earth - BBC wildlife

Para 2018, la escisión era completa: dos bandos con territorios separados, el Occidental y el Central, que ya no se reconocían como parte de la misma comunidad.

"Estos chimpancés que antes se tomaban de la mano, ahora intentan matarse unos a otros", describe Aaron Sandel, antropólogo de la Universidad de Texas y co-director del Proyecto Chimpancés Ngogo.

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Lo que resulta especialmente llamativo, según Sandel, es que los agresores no atacaron a extraños: atacaron a excompañeros de grupo. Individuos con los que habían cooperado, jugado y establecido vínculos durante años. La nueva identidad grupal anuló por completo esas relaciones previas.

  • Todos los ataques documentados fueron iniciados por el grupo Occidental.
  • El grupo Occidental era numéricamente inferior, lo que contradice los modelos clásicos que predicen ventaja para los grupos más grandes.
  • Su éxito ofensivo sugiere que la cohesión interna puede compensar la desventaja numérica.

¿Qué nos dice esto sobre la guerra humana?

Durante décadas, la hipótesis dominante sostuvo que la guerra entre humanos —incluida la guerra civil— está impulsada principalmente por marcadores culturales de identidad grupal: diferencias étnicas, religiosas, lingüísticas. El caso Ngogo cuestiona esa premisa desde la biología.

Si los chimpancés pueden polarizarse, dividirse y ejercer violencia letal sin ningún marcador cultural, entonces las dinámicas relacionales —la ruptura de vínculos, el cambio de lealtades, la redefinición del "nosotros"— podrían tener un papel causal más importante en los conflictos humanos de lo que se suponía.

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Conclusión del estudio "Los rasgos culturales siguen siendo esenciales para la cooperación a gran escala, pero muchos conflictos pueden tener su origen en la ruptura de relaciones interpersonales más que en divisiones étnicas o ideológicas arraigadas." — Science, abril 2026.¿Es esto realmente una "guerra civil"?

El propio Sandel prefirió no usar el término en público, aunque el estudio sí lo emplea. La cautela es metodológica: los científicos evitan atribuir conceptos humanos a comportamientos animales sin suficiente evidencia. Pero la analogía estructural —exmiembros de un mismo grupo que se vuelven enemigos mortales— resulta difícil de ignorar.

Por qué este caso importa más allá de la zoología

El grupo Ngogo lleva siendo observado durante más de 30 años, lo que convierte a este estudio en uno de los pocos casos en los que se puede documentar con precisión el proceso completo de una escisión: sus señales tempranas, su desarrollo y sus consecuencias violentas.

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Los datos aportados al debate sobre el conflicto intergrupal en primates y humanos son sustanciales. En particular, el hallazgo de que un grupo más pequeño puede sostener una campaña ofensiva exitosa gracias a su cohesión interna abre preguntas nuevas sobre cómo se organizan las sociedades en conflicto, tanto en el reino animal como en el humano.

El estudio, publicado en la revista Science y encabezado por la Universidad de Texas en Austin, propone una lectura que va mucho más allá de la primatología.

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