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Toy Story 5 apunta al miedo silencioso de toda una generación de padres: las pantallas

La nueva película de Pixar pone en el centro una pregunta incómoda para muchos padres: qué pasa cuando las pantallas ocupan el lugar del juego.

Toy Story 5 arrancó a estrenarse ayer en Argentina. La dirige Andrew Stanton, el mismo que estuvo detrás de Buscando a Nemo y WALL-E, y la historia gira alrededor de Bonnie, una nena de ocho años que disfruta jugar con Jessie, Buzz y el resto de sus juguetes pero no logra hacer amigos de carne y hueso.

Sus padres, desesperados, le compran una tableta llamada Lilypad, con voz de Greta Lee en el original, Belinda en el doblaje latinoamericano, para que pueda conectarse con las chicas de su clase de danza a través de los juegos online.

Lo que sigue es la tensión que la franquicia siempre supo explotar: los juguetes sintiéndose obsoletos. Pero esta vez hay algo diferente. Pixar no pone la carga emocional solo en Buzz o en Jessie sino también en los padres de Bonnie, que toman la decisión de darle la tableta sabiendo que pueden estar exponiéndola a algo que no controlan del todo.

Es la primera vez en la saga que unos padres humanos y corrientes tienen tanto peso en la historia.

El elenco de voces incluye a Tom Hanks como Woody, Tim Allen como Buzz, Joan Cusack como Jessie, y entre los nuevos incorporados están Conan O'Brien, Bad Bunny y la propia Greta Lee como Lilypad. En el doblaje latinoamericano, Lilypad tiene voz de Belinda y el cómico Migue Granados interpreta al Dr. Locuaz.

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Woody, Buzz y Jessie regresan en una aventura donde el rival ya no es otro juguete, sino una pantalla.

Por qué Pixar eligió este tema ahora

Toy Story 5 tarda varios años en producirse, como todas las películas de Pixar. Que llegue exactamente ahora no es una jugada de oportunidad sino una coincidencia que la convierte en la película más oportuna del año.

El debate sobre los chicos y las redes sociales está en su punto más alto globalmente. Australia fue el primer país en prohibir el acceso a redes sociales para menores de 16 años.

El Reino Unido anunció esta semana que seguirá el mismo camino a partir de enero próximo. En Argentina, el tema viene instalándose en la agenda pública hace meses, impulsado por investigaciones sobre el impacto de las pantallas en la salud mental de los adolescentes.

Tom Hanks, en una entrevista con la BBC previa al estreno, dijo que el film habla de algo que le genera "terror": la adicción de los chicos a las pantallas.

Describió la escena que todos los adultos conocen: el chico que mira el teléfono, levanta la vista un segundo, y vuelve a mirarlo. "Es una cuestión generacional", dijo. "Una generación tiene algo que la define tecnológicamente y vuelca todo ahí."

Qué dicen los críticos: acuerdo en el mensaje, división en la película

Las reseñas de los principales medios internacionales muestran un patrón claro: casi todos coinciden en que el mensaje de la película es valioso; no todos coinciden en que la película en sí lo sea.

En el lado positivo, el Telegraph le dio cuatro estrellas y la describió como "una actualización cálida e irónica de una fórmula querida", destacando la promoción de Jessie como protagonista y calificándola como "una parábola de crisis parental disfrazada de aventura familiar de colores brillantes".

Empire también le dio cuatro estrellas y la calificó de "divertida, emotiva y ampliamente optimista". El Hollywood Reporter dijo que "hace honor a la franquicia" y que "su ternura es difícil de resistir".

En el lado crítico, The Guardian y The Independent le dieron dos estrellas cada uno. El Guardian habló de "agotamiento de IP" y dijo que la franquicia necesita "baterías nuevas". The Independent fue más directa: "la peor de la serie", aunque reconoció que es "indudablemente oportuna".

Rolling Stone fue el más duro, cuestionando directamente si la película tenía razón de existir más allá de satisfacer a los accionistas de Disney.

Lo que casi ninguno discute es la pertinencia del tema. El Times señaló que el film propone "un compromiso inestable del debate sobre la tecnología tóxica", grupo de chat malo, juguetes sin WiFi bajo supervisión tolerables, y que en el fondo no puede sacudirse "la sensación de que no es solo la era de los juguetes sino la infancia misma la que terminó". Es la línea más oscura que cualquier crítico le atribuyó a una película de Pixar en años.

Por qué vale la pena verla más allá de la nostalgia

Toy Story 5 no es solo una película para quienes crecieron con la primera entrega de 1995.

Es una película sobre un dilema que cualquier familia con hijos en edad escolar enfrenta hoy: cuánta pantalla es demasiada, cuándo la tecnología conecta y cuándo aísla, qué pasa cuando un chico prefiere una tableta a jugar con sus amigos.

Pixar no da respuestas limpias, algo que varios críticos le señalaron como una contradicción, dado que Disney tiene sus propias apps y videojuegos en el mercado.

Pero hace algo que pocas películas animadas se animan a hacer: mostrar la incomodidad de la pregunta sin resolverla del todo. Eso, en una franquicia que lleva más de treinta años hablándole a adultos a través de juguetes, es probablemente su apuesta más arriesgada hasta ahora.

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