En un Ecuador sumido en una gran crisis económica y sanitaria, estas elecciones sólo propician aún más el clima de incertidumbre. Que haya esta gran cantidad de candidatos, tanto a nivel presidencial como para integrar la Asamblea Nacional, lejos de ayudar a la población, lo que genera es entorpecer el voto. Como consecuencia, muchas personas decidirán su voto recién cuando se encuentren frente a las urnas y a las boletas.
Según expertos, los candidatos con opciones fácticas de pasar a segunda vuelta ofrecen proyectos de país totalmente distintos entre sí. Por un lado, el izquierdista Andrés Arauz, respaldado por el expresidente Rafael Correa sentenciado por corrupción y quién se encuentra en Bélgica, propone retomar un modelo con más intervención estatal y menos participación del sector privado, estrechando lazos con países acreedores como Rusia y China y generando un distanciamiento respecto al Fondo Monetario Internacional (FMI) y a Estados Unidos.
Por su parte, el centroderechista Guillermo Lasso le daría prioridad al sector privado como generador de trabajo y riqueza y buscaría incrementar la relación con el país norteamericano y con el FMI.
Sea quien fuere que gane la banda presidencial, heredará un país con grandes problemas fiscales. Rafael Correa terminó su gobierno con una economía sobreendeudada y un presupuesto en donde siempre los gastos eran superiores a los ingresos, llegando a una brecha que oscilaba entre el 4 y el 7% del PBI nacional. Aunque Lenin Moreno no logró cumplir con todos los deberes, el mandatario consiguió renegociar la deuda con sus acreedores, una quita de 1.500 millones, rebajar la tasa de interés y la llegada de recursos del FMI.
En el escenario actual, es sumamente importante y necesario promover que la mayor parte de la ciudadanía posible participe de las elecciones, al mismo tiempo que se tiene presente el cuidado de la salud. Pero no se deben vulnerar derechos políticos con la excusa de la pandemia.
Sin embargo, la indefinición de los electores parece ser muy alta y las grandes concentraciones que vulneran las medidas contra la propagación del Covid-19 son cada vez más notorias.