“No voy a tomarla. Es mi derecho”, dijo Bolsonaro en noviembre del año pasado.
En octubre, había bromeado con que la vacunación sería solo requerida para su perro.
De acuerdo a una encuesta de Datafolha de diciembre de 2020, el 22% de los brasileños no pretende vacunarse y el 73% quiere participar de la campaña de inmunización.
Lejos de estas cifras, Bolsonaro dijo que creía que menos de la mitad de la población se irá a inmunizar contra la dolencia.
El Supremo Tribunal Fedral brasileño decidió, en diciembre del año pasado, que la vacunación será obligatoria más no forzada.
Eso significa que los ciudadanos que se rehúsen a ser vacunados podrían ser sancionados por las autoridades nacionales, estatales y locales.
Entre las "medidas indirectas", las autoridades podrían prohibir el ingreso a restaurantes si no se cuenta con un carnet como medio de prueba.
El fallo fue rechazado por el presidente Jair Bolsonaro, quien dijo que su gobierno no tomará medidas coercitivas: "Esto no es Venezuela, no es Cuba", expresó. "No voy a obligarle a usted a ponerse la vacuna porque yo sí soy responsable", dijo en un video en redes sociales en diciembre.