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Rusia quiere producir la Sabin contra la COVID-19

Comencemos antes de la COVI-19. La vacuna oral contra la poliomielitis fue un tema muy importante para la historia de la investigación de vacunas en Rusia. Esto lo que hay que entender al entrar a la noticia.

La 1ra. vacuna contra la poliomielitis fue desarrollada por Jonas Edward Salk, probada por primera vez en 1952 y presentada el 12/04/1955. 

La vacuna Salk consiste en una dosis inyectada de poliovirus inactivados o muertos (IPV). 

La 2da. vacuna fue una dosis oral desarrollada por Albert Bruce Sabin (nombre original Albert Saperstein), a partir de 1955 y fue autorizada en 1962.

La vacuna Sabin es una vacuna de virus vivos atenuados que se produce por el paso del virus por células no humanas a temperaturas inferiores a la temperatura fisiológica, lo que provoca mutaciones espontáneas del genoma viral.

Los virólogos rusos Anatoli Smorodintsev, Mikhail P. Chumakov y su mujer Marina Voroshilova trabajaron muy cerca de Sabin

Sabin les entregó 3 cepas de virus atenuado a los científicos soviéticos para que las estudiasen e investigaran en Moscú y Leningrado. 

En 1956, el Departamento de Estado autorizó a Sabin a volar a la Unión Soviética para interactuar con Smorodintsev y Chumakov.

Chumakov y Voroshilova suministraron la Sabin a sus 3 hijos y a varios sobrinos la dosis embebida en terrones de azúcar. 

En 1957 se vacunaron 67 niños con la vacuna desarrollada con Sabin. Luego fueron 2.010 pacientes y en 1958 llegaron a 20.000.

De enero a mayo de 1959, los científicos soviéticos probaron la nueva vacuna en 10 millones de chicos en toda la URSS, 3 años antes que la autorizara USA.

El recuerdo es indispensable ante la novedad: el Instituto de Medicina Experimental de San Petersburgo (Rusia) ha anunciado su plan para completar en 1 año los ensayos preclínicos de la 1ra. vacuna comestible del mundo contra el coronavirus.

Alexánder Dmítriev, director del instituto, dijo a la agencia RIA Novosti que los estudios preclínicos de la vacuna a base de yogur ya están en marcha y que se espera que la fórmula pueda acelerar el proceso de inmunizar a millones de personas por vía oral.

Hay un problema de financiación de la investigación: para completarla  necesitan entre 200 millones y 220 millones de rublos, y están buscando fuentes de financiación extrapresupuestarias.

Alexánder Suvórov, jefe del Departamento de Microbiología Molecular y Laboratorio de Genética Molecular de Patógenos del mismo instituto, explicó: "Durante la creación de la vacuna contra la COVID-19, un fragmento del genoma del coronavirus sintetizado se incrusta en el genoma de la bacteria. Como resultado de esta modificación genética, la bacteria produce la proteína de coronavirus, que a su vez garantiza que el organismo produzca una respuesta inmune".

"Usando un lenguaje sencillo, las bacterias modificadas genéticamente en forma de polvo se vierten, por ejemplo, en un tanque con leche y, aproximadamente en un día, se obtiene un producto listo que no necesita ser limpiado de impurezas. Solo queda empaquetarlo", explicó Dmítriev.

El Instituto de Medicina Experimental atesora una amplia experiencia en el desarrollo de vacunas basadas en probióticos, bacterias vivas con las que se fabrican productos lácteos fermentados. De hecho, el instituto ya cuenta con un amplio bagaje de vacunas similares contra la gripe, el neumococo y el estreptococo.

"Estamos avanzando con mucho cuidado para evitar una situación en la que cualquier nuevo producto médico comience a percibirse como una panacea que salvará a la humanidad", advirtió Suvorov.

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