China ha sido duramente criticada y condenada internacionalmente por el trato inhumano que les da a los musulmanes, en donde se incluyen, también, campos de adoctrinamiento en la región de Xinjiang. Por su parte, el país liderado por Xi Jinping ha negado que estos campos sean abusivos y que, en realidad, son centros de entrenamiento laboral que tienen como finalidad contrarrestar el extremismo religioso y el terrorismo.
¿Quiénes son los uigures y por qué son perseguidos por China?
Los uigures son una etnia musulmana que se ve a sí misma como una cultara más cercana a las naciones de Asia Central que a China. Viven en Xinjiang, región que se denomina oficialmente como Región Autónoma Uigur de Xinjiang, una región autónoma de China como lo es Tíbet en el sur. Dicho territorio es rico en recursos y se sitúa en la frontera con Pakistán, Afganistán y Asia central.
Aunque a inicios del siglo XX los uigures declararon una independencia, la misma resultó ser pasajera debido a que el área quedo bajo el completo control de la China comunista de 1949.
Como consecuencia de la llegada masiva de chinos de la etnia Han, la cual es mayoritaria en el país, a Xinjiang, los uigures pasaron a ser sólo una minoría. Las políticas de Beijing también han contribuido a reducir las actividades culturales, religiosas y comerciales de la etnia musulmana.
Las ideas que impulsaron las persecuciones y las detenciones datan de la primera y única visita que realizo Xi Jinping a la región en 2014. El último día del viaje, dos militantes uigures protagonizaron un atentado suicida con bomba frente a una estación de tren en Urumqi que tuvo como consecuencia a 80 personas heridas y un muerto. Semanas antes, militantes con cuchillos mataron a 31 personas en el suroeste de China e hirieron a más de 140. Días más tarde, los asaltantes lanzaron explosivos en un mercado de verduras en Urumqi, donde hirieron a 94 personas y mataron al menos a 39.
Los campos de internación y los tratos inhumanos.
Como parte de una investigación liderada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés), en noviembre del año pasado se filtraron archivos altamente clasificados del gobierno de China. En ellos, se incluyen una lista de 25 directrices en donde se detalla cómo los presos uigures son encerrados, adoctrinados y castigados.
Los documentos filtrados muestran cómo la maquinaria oculta del estado chino llevó a cabo la campaña de internamiento de mayor alcance del país desde la era de Mao.
Luego de los atentados del 2014, el líder chino pidió “una lucha total contra el terrorismo, la infiltración y el separatismo” utilizando los “órganos de la dictadura” y no mostrando “ninguna piedad”. Consecuentemente, los campos de internamiento se expandieron rápidamente después de que en agosto de 2016 se nombrara a Chen Quanguo, el nuevo jefe del partido en la región.
Los documentos también muestran las órdenes que tienen que llevar a cabo el personal de los recintos para controlar a los detenidos. Entre ellas se incluyen:
- "No permitir fugas nunca".
- "Aumentar la disciplina y el castigo por transgresiones de comportamiento".
- "Promover el arrepentimiento y la confesión".
- "Hacer que estudios correctivos de mandarín sean la prioridad".
- "Animar a los estudiantes a transformarse de verdad".
- "Asegurar la total vigilancia por video de los dormitorios y aulas sin que haya puntos ciegos".
No se sabe el número exacto de personas que fueron a parar a estos campos pero se estima que rondan el millón. Además de los uigures, miles de funcionarios públicos fueron castigados por resistirse o no llevar a cabo la represión en Xinjiang.
Frente a todo esto, las autoridades chinas han insistido en que los internos no son prisioneros, sino que son estudiantes que aceptan "voluntariamente el entrenamiento" para alejarse de sus ideologías extremistas. Además, aseguran que el propósito es que la gente tenga una "vida mejor", aprendiendo nuevas herramientas de forma "gratuita".
Aunque la represión parece haber sofocado los disturbios violentos en Xinjiang, muchos expertos señalan que estas medidas de seguridad tan extremas y las detenciones masivas muy probablemente generen resentimientos que podrían llevar a que los conflictos étnicos escalen aún más.