Y al analizar la suba de estos valores conviene dividirlos en dos: por un lado, productos que son usados para consumo o como insumo para algún tipo de producción industrial, y por otra parte, productos elegidos como refugio, ante la posibilidad de que las vacunas no tengan el rápido efecto esperado, que se alarguen las cuarentenas, que se retrasen las aperturas y que en el primer semestre de 2021 pueda haber muchas empresas con problemas muy serios, incluso de cierres y quiebras.
Justamente, la posibilidad de que tengamos por delante dificultades económicas serias hizo saltar a las clásicas posiciones refugio, sobre todo las que están de moda en los últimos tiempos, especialmente entre los millenials. En ese sentido, el valor que rompió todos los techos fue el bitcoin, que acumula en diciembre un salto del 20,5%, cotizando por encima de los US$ 23.000 dólares.
Por supuesto, toda esta volatilidad es originada por la emisión sin fin de dólares y la tasa cercana al 0% que mantiene la Fed. Pero atención: hay algunos países que empiezan a mostrar índices de inflación crecientes y frente a eso comienzan a estudiar decisiones inminentes de subas de tasas de interés. Eso, obviamente, será una pulseada que se jugará entre actividad, virus y emisión de dinero. Y hay que estar muy atentos para ver quién gana, quién cede primero y, sobre todo, cuándo cambia todo el actual escenario".
A su vez, desde Infobae, Federico Vacalebre, profesor de UCEMA, sumó al debate:
"Tras la pandemia y con esta como telón de fondo, la Reserva Federal de Estados Unidos (FED, en inglés) cambió cierta parte del marco con el que lleva adelante su política monetaria, afectando, como es de esperarse, no sólo a EE.UU. sino a la economía global. El cambio es parte de una revisión de la estrategia de la política monetaria que había empezado el año pasado. Dada la sustancial influencia que las tasas de interés en EE.UU. tienen en los flujos capitales globales, y el valor de los activos financieros en general, es esperable que los ojos estén puestos allí.
Hemos visto que el presidente de dicha entidad, Jerome Powell, manifestó que la Reserva Federal de los EE.UU pasará a definir su objetivo de estabilidad de precios como una inflación promedio en torno al 2% anual. Por su parte, también modificó su objetivo respecto del nivel de empleo.
Para entender la decisión es necesario ponerla en contexto, la Fed nunca antes había definido numéricamente su objetivo de inflación hasta la crisis financiera global de 2008 (subprime). Cuestión que le resultaba práctica, dándole mayores grados de libertad, para influir en el ciclo económico. Sin embargo, con el objetivo de reforzar su política de forward guidance, la Fed decidió explicitar su target de inflación, medida por el deflactor del gasto de los hogares en general, no con la inflación núcleo".
En este sentido, entiende que se viene una inflación más alta en el mundo: "Algunos empiezan a ver como algo beneficioso que los bancos centrales incrementen levemente su objetivo de inflación, para darle más aire a la política monetaria y proteger su credibilidad.
Dado este panorama no sería raro que las tasas de interés reales se mantengan muy bajas por un período prolongado, si es que uno estima que, por la crisis relacionada a la pandemia, la tasa de inflación este por debajo del 2%. Un colateral del cambio de la política monetaria, es que las tasas de interés reales bajas reducirían el costo en términos reales de la deuda pública emitida por el tesoro de los EE.UU. Lo que seguramente impacte en los emergentes, haciendo más potentes sus instrumentos de deuda por el diferencial de rendimiento".
El pasado 15 de diciembre, The Economist tituló: "Después de la pandemia, ¿volverá la inflación?".
"Una banda cada vez más ruidosa de disidentes piensa que el mundo podría emerger de la pandemia hacia una era de mayor inflación. Sus argumentos no son abrumadores, pero tampoco vacíos. Incluso una pequeña probabilidad de tener que lidiar con un aumento repentino de la inflación es preocupante, porque el stock de deuda es muy grande y los balances de los bancos centrales están abultados. En lugar de ignorar el riesgo, los gobiernos deberían tomar medidas ahora para asegurarse contra él", insiste.
Y entonces agrega: "El mundo debería poder gestionar un estallido de inflación tan temporal. Pero el segundo argumento inflacionista es que también surgirán presiones de precios más persistentes, a medida que las fuerzas desinflacionarias estructurales se inviertan. En Occidente y en Asia, muchas sociedades están envejeciendo, creando escasez de trabajadores. Durante años, la globalización redujo la inflación al crear un mercado más eficiente de bienes y mano de obra. Ahora la globalización está en retroceso.
El tercer argumento es que los políticos y los funcionarios son complacientes. La Reserva Federal dice que quiere que la inflación sobrepase su objetivo del 2% para compensar el terreno perdido; el Banco Central Europeo, que anunció más estímulos el 10 de diciembre, aún puede seguir su ejemplo. Los políticos, agobiados por la necesidad de pagar el envejecimiento de la población y la atención médica, favorecerán cada vez más los grandes déficits presupuestarios".
Es perfectamente posible un repunte temporal de la inflación el próximo año, sostiene el artículo. De hecho, al principio sería bienvenido, una señal de que las economías se están recuperando de la pandemia. Los responsables de la formulación de políticas podrían incluso estar aliviados, especialmente en Japón y la eurozona, donde los precios están cayendo.
Ocurre que el temor ahora es que se desmadre la situación si el rebrote en el mundo avanza y los países se ven a emitir más y más.