“Jesús nos da el ejemplo: Él, el Verbo de Dios, es un infante; no habla, pero da la vida. Nosotros, en cambio, hablamos mucho, pero a menudo somos analfabetos de bondad”, añadió.
Para respetar las disposiciones sanitarias impuestas en Italia, Francisco celebró una Misa de Gallo distinta a la de otros años.
En una imponente basílica de San Pedro, casi vacía, el Papa invitó a observar “la ingratitud del hombre hacia Dios y la injusticia hacia tantos de nuestros hermanos”.
En la continuidad de su mensaje, el pontífice resaltó que Jesús “no es capaz de dejarnos de amar. Él es así, tan diferente a nosotros. Siempre nos ama, más de lo que nosotros mismos seríamos capaces de amarnos. Ese es su secreto para entrar en nuestros corazones".
“Él sabe que la única manera de salvarnos, de sanarnos interiormente, es amarnos. Sabe que nosotros mejoramos sólo aceptando su amor incansable, que no cambia, sino que nos cambia”. Explicó el Papa.
“¿Por qué nació en la noche, sin alojamiento digno, en la pobreza y el rechazo, cuando merecía nacer como el rey más grande en el más hermoso de los palacios? ¿Por qué? se preguntó el magistrado.
"Para hacernos entender hasta qué punto ama nuestra condición humana: hasta el punto de tocar con su amor concreto nuestra peor miseria. El Hijo de Dios nació descartado para decirnos que toda persona descartada es un hijo de Dios”, profundizó.
Este año no se asomará al balcón ni para la Bendición Urbi et Orbi ‘a la ciudad y al mundo’ ni para el Ángelus. habrá. Lo hará desde el aula de las Bendiciones en el Palacio Apostólico sobre el Pórtico de la Basílica de San Pedro.