Aunque con menos entusiasmo que en 2008, Obama consiguió renovar por 4 años más su mandato en la Casa Blanca.
Pero los temas por delante son complicados, en parte porque se asemejan a los que no pudo resolver en los 4 que pasaron.
> Si no hay pacto antes del 31/12, para no aplicar el acuerdo fiscal de 2010, según muchos analistas, la economía estadounidense puede contraerse hasta un 4% por los recortes de gasto público y los aumentos de impuestos con su impacto en el consumo. ¿Serán capaces los republicanos en la derrota y Obama en la victoria de modificarlo a tiempo?
> De Londres a Beijing, pasando por Tel Aviv, Moscú y Berlín, alivio tras la victoria de Obama. No por temor a cambios importantes si perdía, sino porque no habrá que padecer el calvario de 18 meses de aprendizaje sobre la realidad internacional de otro Presidente. Primera pregunta: ¿qué pasará con Irán?
> Luego, los republicanos mantendrán el control de la Cámara de Representantes. Según datos preliminares, los republicanos conservarán la mayoría en la Cámara baja, donde tienen 242 escaños contra 193 de los demócratas. Aunque se renuevan los 435 escaños de la Cámara de Representantes en estas elecciones, el control depende del desenlace de hasta 60 distritos electorales, a causa de la nueva demarcación de distritos electorales basada en los datos del Censo de 2010.
> Los resultados pueden poner en riesgo el futuro político de la líder de la minoría demócrata, Nancy Pelosi, quien encabezó, aparentemente sin éxito, una férrea campaña por recuperar ese órgano legislativo después de la derrota que sufrieron los demócratas en las elecciones legislativas de 2010.
Tras un final de campaña con más apuros de lo que los demócratas pronosticaban hace solo cinco semanas, el presidente Obama tiene poco tiempo para celebrar su victoria. Nadie le puede regatear el festejo del triunfo logrado a contracorriente de una economía que no acaba de despegar y de un desempleo demasiado elevado para los norteamericanos. Pero él sin duda sabe que su segundo mandato ----aquel en el que rematará y definirá su legado para la historia, además de haber sido el primer presidente negro de EEUU--- está lleno de escollos y que preside un país notablemente polarizado.
Para empezar, tiene enfrente una Cámara de Representantes en la que los republicanos mantienen la mayoría. Los dos últimos años, desde las elecciones de mitad de mandato de 2010, la radicalidad de la oposición republicana –y no haberla sabido sortear negociando fue uno de los puntos débiles de Obama--- acentuó el bloqueo político de Washington. El llamado precipicio fiscal viene precisamente de esa época: la Cámara de mayoría republicana, bajo la presión de los conservadores fiscales del Tea Party, logró que a cambio de la ley de Control Presupuestario para elevar el techo de la deuda en 2011 haya , desde el 1 de enero de 2013, una reducción automática del gasto público y una subida general de impuestos con el objetivo de reducir el déficit fiscal en un 5% en 2013. Si no hay acuerdo sobre el precipicio fiscal (por lo menos aplazar seis meses la entrada en vigor de los recortes y la subida de impuestos), esta letal combinación será mortal para una economía en proceso anémico de recuperación.
No va a ser fácil –no lo fue en 2011—negociar con un Partido Republicano que controla la Cámara y estará al tiempo en pleno proceso de reconversión y quizá de guerra civil interna después de dos derrotas presidenciales consecutivas, con un recambio generacional en el que se ha sacrificado a veteranos moderados. No va a ser sencillo superar la polarización no sólo sobre asuntos económicos, sino sobre opciones de política social que están en el punto de mira de los más aguerridos legisladores republicanos. Y ayudará poco a definirse a los republicanos la campaña presidencial de Mitt Romney, su trayectoria de decir una cosa y la contraria, el contraste entre aquel gobernador de Massachussets que supo implicar a la oposición demócrata en sus decisiones, poner en marcha un plan de salud relativamente similar al de Obama y simpatizar con el matrimonio gay y el candidato que para ganar las primarias cortejó a las bases más radicales del partido.
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Hacia el mundo, y sobre la base de una amplia coincidencia en política exterior para lidiar con China, la otra superpotencia, el presidente Obama tendrá que mantener el pulso de la retirada de Afganistán, anunciada para finales de 2014, sin perder de vista a Pakistán ni a las franquicias de Al Qaeda en países africanos y asiáticos. Pero, sobre todo, tendrá que vigilar a Irán. Las últimas Administraciones norteamericanas se han comprometido a frenar el desarrollo del programa nuclear de Teherán, pero EEUU está en fase de salida de guerras, no de entrada en nuevos conflictos, y la Casa Blanca tendrá muy poco apetito para nada que no sea sanciones y una equilibrada dosis de palo y zanahoria.
¿Lo más difícil para Obama? Liderar un país dividido, cambiar el humor de sus conciudadanos, devolverles la alegría de vivir, la esperanza de progresar. Además del precipicio fiscal, de estimular una recuperación económica seria que cree más y mejor empleo y de patrullar por el mundo, aunque sea a su pesar, lo que el cuadragésimo cuarto presidente de EEUU tiene pendiente es lo que le llevó en volandas a la Casa Blanca hace cuatro años: su compromiso de reconciliar a los estadounidenses, mejorar la áspera bronca política, reparar la fractura social y atajar las crecientes desigualdades… Su promesa de restablecer el sueño, su mensaje ----romántico, populista, pero ilusionante--- de la convención de Boston, el 27 de julio de 2004, cuando rechazó el enfrentamiento entre una América progresista y otra conservadora, entre lo negro, lo blanco, lo asiático y lo hispano. Cuando afirmó su visión de un país en el que se hacen realidad las historias más improbables, su fe en una sociedad que nunca deja de reinventarse, su idea de una América abierta que avanza, optimista, hacia el futuro.