En el acto Meloni defendió lo logrado en sus 6 meses de gestión como el crecimiento económico de Italia, avances en políticas migratorias buscando recuperar la “grandeza” de Italia “mirando el futuro”.
“La actitud que espero es la misma que ofrezco: es apertura. Tratemos de entender si hay algunos puntos de síntesis donde todos podamos encontrarnos”. Ofrezco la máxima disponibilidad si hay disponibilidad -aclara el presidente del Gobierno-, pero no acepto actitudes aventinistas o dilatorias, en el sentido de que hago lo que tengo que hacer''.
El presidencialismo, pero también la autonomía diferenciada, la restauración de las Provincias, los poderes de Roma como capital y la modificación de la ley electoral de los grandes Municipios, con la eliminación del escrutinio son otras de las propuestas oficiales.
Meloni cree pertinente modificar el sistema electoral por una votación directa al presidente y el legislativo. Uno de los motivos tal vez es para no arriesgarse a perder mayoría parlamentario y ser coherente con sus promesas electorales.
Entre el clamor popular Meloni repitió la misma frase de Silvio Berlusconi: “Hay que volver a acercar a los ciudadanos a las instituciones".
Actualmente el jefe del Estado es elegido cada 7 años por el Parlamento reunido en sesión conjunta pero la derecha quiere que su elección sea por sufragio directo por los ciudadanos.
No obstante, el gobierno no la tendrá fácil. Primero porque deberá conseguir dos tercios de los votos -que no tiene-dos veces de la aprobación de cada sede parlamentaria, el Senado y la Cámara de Diputados para cambiar la constitución y evitar el referéndum popular. Segundo porque, más allá de que logre ese número, al tratarse de una reforma delicada y sustancial, políticamente debería encontrar un amplio consenso antes de tocar la Carta Magna.
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Meloni revolucionó la Piazza Roma en Ancona y prometió devolver la "estabilidad" a Italia.
Y si, tras todo esto, lo hace mediante artículo 138 de la Constitución ,que habilita a un jefe de Estado a efectuar cambios estructurales en la Carta Magna, debería levantar la cabeza, observar los pésimos regímenes presidencialistas en Latinoamérica y reflexionar si el posible cambio de gobierno de Italia será conveniente para su futuro.
Por eso, el oficialismo se mostró dispuesto a encontrar consenso para ver “qué puede cambiarse, escribiendo un texto conjunto. Obviamente esperamos que tengan una actitud constructiva”. Quizá el gobierno insiste con la propuesta no tanto por convicción sino para no incumplir una de sus más relevantes promesas de campaña que le concedió la victoria.
El desafío del gobierno es la dura postura de la oposición que cae en la fácil chicana de asociar a Meloni con el fascismo para conseguir más seguidores. El partido de Elly Schlein ya adelantó que no aceptará la elección directa del Primer Ministro y, menos, del Presidente de la República.
El choque entre la derecha oficial y la izquierda opositora se da en un contexto de elecciones regionales 793 municipios, entre 17 capitales de provinciales (segunda vuelta el 28 y 29 de mayo). Por eso el clima electoral es oportuno para Meloni en su reiterado proyecto de otorgar “estabilidad” a Italia y fortalecer el sistema económico mediante el "Made in Italy".
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