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España vuelve a rozar un apagón y reaviva las alertas sobre la fragilidad eléctrica en Europa

Tras activar cortes al consumo industrial, Red Eléctrica evitó un colapso mayor en España. El antecedente de abril de 2025 vuelve a la escena.

En estado crítico: Red Eléctrica de España anunció ayer la activación de mecanismos excepcionales para sostener el equilibrio del sistema y evitar un colapso mayor. La intervención permitió esquivar cortes en los hogares, pero confirmó que la red volvió a operar en un punto delicado. España, otra vez, quedó en estado de alerta.

Los fantasmas del apagón masivo que afectó a España, Portugal y parte de Europa en abril de 2025 vuelven a sobrevolar el sistema eléctrico. Aquel episodio, inédito por su magnitud, dejó a millones de personas sin suministro y provocó la desaparición de cerca del 60% de la generación eléctrica en apenas segundos, con amplias zonas del país sin luz durante gran parte del día. No se trató de un fallo menor, sino de un evento fuera de lo común que expuso vulnerabilidades profundas en la red.

El contexto europeo refuerza la preocupación. Hace apenas unas semanas, un apagón prolongado paralizó barrios enteros del suroeste de Berlín, afectando hogares, comercios y servicios esenciales durante varios días. Aunque el origen fue distinto y deliberado, el episodio volvió a poner sobre la mesa un dato inquietante: los cortes eléctricos de esta magnitud son inusuales en Europa, y cuando ocurren (por sabotaje, fallos técnicos o fenómenos extremos) generan una alarma inmediata sobre la solidez de las infraestructuras críticas.

Un sistema exigido al límite: qué pasó ayer y por qué encendió las alarmas

La jornada del martes dejó una señal inquietante. Entre las 8.00 y las 10.00 de la mañana, Red Eléctrica de España se vio obligada a activar el Servicio de Respuesta Activa a la Demanda, un mecanismo excepcional que permite reducir o cortar de forma temporal el consumo de grandes industrias para evitar un colapso total del sistema. No hubo apagones en hogares, pero la intervención confirmó que la red volvió a operar en una zona de riesgo.

El detonante fue una caída brusca de la generación eólica provocada por el temporal que azotó amplias regiones del país. Las rachas de viento, en algunos casos superiores a los 120 kilómetros por hora, obligaron a desconectar numerosos parques por razones de seguridad, haciendo desaparecer en minutos miles de megavatios previstos justo cuando la demanda empezaba a subir por el frío matinal.

El escenario se agravó por un factor externo clave. El mismo temporal afectó a Portugal y redujo de forma drástica las importaciones de electricidad a través de las interconexiones, que pasaron de más de 2.000 MW a apenas unos cientos. Con menos generación disponible, menor respaldo externo y una demanda en ascenso, el desequilibrio fue inmediato. La red se sostuvo gracias al aumento de la producción nuclear y de los ciclos combinados de gas, pero el episodio dejó una conclusión difícil de esquivar: bastó una tormenta intensa para llevar al sistema al borde del fallo.

La preocupación no se limita a un hecho puntual. Con nuevos temporales previstos y un sistema que depende en gran parte de la generación eólica, episodios similares podrían repetirse si coinciden fenómenos meteorológicos extremos, caídas abruptas de producción y picos de demanda. Lo ocurrido ayer dejó al descubierto que el margen de maniobra existe, pero es estrecho, y que la estabilidad del suministro puede verse comprometida ante eventos cada vez más frecuentes.

El flashback que explica la preocupación: el apagón de abril de 2025

El episodio de ayer no se lee en el vacío. La inquietud se explica, en buena medida, por lo ocurrido el 28 de abril de 2025, cuando España, Portugal y parte de Francia quedaron sumidos en el apagón eléctrico más grave registrado en Europa en las últimas dos décadas. En apenas segundos, el sistema perdió cerca del 60% de la generación, desencadenando una reacción en cadena que dejó sin suministro a millones de personas.

El colapso paralizó trenes, afectó telecomunicaciones, tumbó los pagos electrónicos y obligó a cerrar escuelas y comercios. En amplias zonas del país, la electricidad tardó horas (y en algunos casos casi toda la jornada) en restablecerse. No fue un incidente aislado ni un corte localizado: fue una caída generalizada que expuso debilidades estructurales del sistema eléctrico.

Ese antecedente es el que vuelve a escena cada vez que la red opera al límite. Los informes preliminares posteriores señalaron que el apagón se produjo por una cascada de sobretensiones, un fenómeno inédito hasta entonces en Europa, que el sistema no logró absorber a tiempo. Por eso, cuando hay una tormenta, una caída súbita de generación o un problema en las interconexiones obliga a activar medidas de emergencia, y la comparación es inevitable: el recuerdo de abril funciona como advertencia de hasta dónde puede escalar un desequilibrio si no se controla a tiempo.

España corte masivo

España y Portugal, a oscuras. El apagón de abril de 2025 dejó sin suministro eléctrico a millones de personas durante horas en la península ibérica.

Qué cambió desde abril y qué sigue pendiente

Tras el apagón de abril, Red Eléctrica de España introdujo ajustes operativos para reforzar la estabilidad del sistema. Se mejoraron protocolos de respuesta ante desequilibrios rápidos, se reforzó la supervisión en tiempo real y se amplió el uso de herramientas como el Servicio de Respuesta Activa a la Demanda (SRAD), que permite actuar antes de que el fallo escale.

También hubo avances en coordinación europea. Entso-E publicó informes técnicos preliminares, abrió una investigación paneuropea y dejó claro que el apagón fue un fenómeno inédito, no atribuible a una sola causa ni a una tecnología específica. El énfasis pasó por mejorar el control de tensión y la capacidad de reacción ante eventos extremos.

Sin embargo, los cambios no alteraron el cuadro de fondo. La red sigue siendo sensible a caídas bruscas de generación, a interrupciones en las interconexiones internacionales y a episodios meteorológicos extremos. La dependencia de fuentes variables como la eólica continúa siendo alta y los respaldos firmes (capaces de absorber tensiones y estabilizar el sistema) siguen siendo un factor crítico.

Por eso, lo ocurrido ayer se lee como una señal de advertencia más que como una anomalía. El sistema respondió mejor que en abril y evitó un apagón general, pero la necesidad de activar medidas excepcionales confirma que la fragilidad persiste. El riesgo ya no es teórico: aparece cada vez que coinciden viento extremo, frío y menor respaldo externo.

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