En Inglaterra, por ejemplo, las tasas universitarias alcanzan aproximadamente las 9.250 libras al año (más de 11.000 dólares), lo que lleva a que muchos graduados acumulen deudas cercanas a los 70.000 dólares al finalizar sus estudios.
En ese escenario, el esquema danés aparece como una anomalía dentro del sistema global: no solo elimina el arancel, sino que convierte la etapa universitaria en un período respaldado financieramente por el Estado. La pregunta de fondo no es solo cuánto cuesta estudiar, sino quién asume ese costo y bajo qué modelo económico.
El lado B: impuestos altos y “estudiantes eternos”
El modelo danés no es gratuito en términos fiscales. Se sostiene sobre una de las presiones tributarias más altas de Europa. Los impuestos personales pueden superar el 50% en los tramos más elevados, y es ese esquema el que financia tanto la gratuidad universitaria como el estipendio mensual que reciben los estudiantes.
Dinamarca no es el único país con matrícula pública sin costo. Escocia, Noruega y Finlandia también ofrecen educación superior gratuita en sus universidades estatales. Sin embargo, el diferencial danés radica en el pago directo al estudiante, algo menos extendido en otros sistemas europeos. Fuera del continente, Arabia Saudita aplica un esquema similar en términos prácticos: universidades públicas sin arancel y una asignación mensual para sus ciudadanos, financiada en este caso por ingresos petroleros más que por presión fiscal.
El programa SU permite acceder a la ayuda durante un período determinado de estudios, pero la combinación de matrícula cero y apoyo económico ha generado también un fenómeno particular. Según un informe de Business Insider, en Dinamarca existe incluso una palabra para describir a quienes prolongan su vida académica más allá del promedio: evighedsstuderende, es decir, “estudiantes eternos”. Algunos permanecen más de seis años en educación superior, algo menos frecuente en sistemas donde el costo corre por cuenta del alumno.
Aun así, el modelo sigue siendo defendido por amplios sectores de la sociedad danesa como una inversión estratégica en capital humano. La lógica es clara: formar profesionales sin la carga de deuda puede traducirse en mayor movilidad social, innovación y productividad a largo plazo.
La discusión, entonces, no es solo cuánto se paga, sino qué tipo de contrato social se quiere construir alrededor de la educación superior.
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